Medina, la ciudad del Profeta

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Mezquita del Profeta en Medina

Cada año, millones de musulmanes llegan a Medina, la ciudad donde el Profeta Muhammad vivió los últimos años de su vida. Aunque la única peregrinación obligatoria en el islam es el Hayy, a La Meca -uno de los cinco pilares de la religión y preceptivo al menos una vez en la vida para quien tiene salud y recursos-, muchos fieles aprovechan su viaje a Arabia Saudí para conocer también Medina.

Situada en el oeste de la península Arábiga, en Arabia Saudí, Medina es el segundo lugar más sagrado del islam, donde el Profeta Muhammad fundó la primera comunidad islámica, consolidó su mensaje y, finalmente, fue enterrado.

Para Fátima Zohra Yacubi Zafri, que acompaña grupos de peregrinos y es voluntaria en el Consejo Islámico de Barcelona, en la Fundación Ibn Battuta, en Diálogos de Mujer y en la entidad Tot Raval, cualquier peregrinación es mucho más que un desplazamiento físico. “Es un viaje del corazón hacia Al-lah, una oportunidad para detener el ritmo de la vida, desprenderse de lo material y renovar la fe”, explica. Desde su experiencia, asegura que ha visto personas “llegar cargadas de preocupaciones y regresar transformadas”, porque la peregrinación recuerda a los musulmanes que “ante Al-lah todos somos iguales, sin importar la nacionalidad, el idioma o la condición social”.

La ciudad donde se construyó el islam

La antigua ciudad de Yathrib cambió el curso de la historia en el año 622, cuando el Profeta Muhammad y sus seguidores emigraron allí huyendo de la persecución que sufrían en La Meca. Este episodio, conocido como la Hégira (Hijra), marca el inicio del calendario islámico.

En Medina, el Profeta Muhammad dejó de ser solo un predicador para convertirse también en el guía de una comunidad religiosa y social. Allí estableció la umma, la comunidad de los creyentes, arbitró conflictos entre las tribus de la ciudad y continuó recibiendo las revelaciones que formarían parte del Corán. Para los musulmanes, Medina es, por tanto, mucho más que el lugar donde vivió el Profeta: es dondel islam tomó forma como comunidad.

Según Yacubi, este es precisamente el motivo por el cual la ciudad ocupa un lugar tan especial en el corazón de los musulmanes. “Si La Meca representa la grandeza del encuentro con Al-lah, Medina representa el amor y la proximidad con el profeta Muhammad”, afirma. Visitar los espacios donde vivió, enseñó y construyó la primera comunidad islámica permite, dice, “comprender mejor su ejemplo”. “La paz que se respira en Medina es difícil de describir; es una ciudad que invita a la serenidad, a la reflexión y al agradecimiento”.

Al-Masyid an-Nabawi, la Mezquita del Profeta

La inconfundible cúpula verde emerge entre los minaretes de Medina como el gran símbolo de la ciudad. Esta silueta que se dibuja en el horizonte es la Mezquita del Profeta (Al-Masyid an-Nabawi), fundada por el Profeta Muhammad poco después de su llegada, cuando no era más que un recinto austero de adobe y troncos de palmera. Con el paso de los siglos, ese espacio originario ha crecido hasta convertirse en una de las mezquitas más grandes del mundo y en el vibrante centro espiritual de Medina, donde cada año se reúnen millones de peregrinos.

Dentro del complejo se conserva la cámara dondel Profeta fue enterrado en el año 632, al lado de los primeros califas Abu Bakr y Umar ibn al-Jattab. Los musulmanes que visitan Medina se detienen frente a la cámara funeraria para rezar a Dios. En la tradición islámica, sin embargo, esta visita no implica la adoración del Profeta Muhammad -reservada únicamente a Al-lah-, sino una expresión de respeto y de amor hacia aquel que es considerado el último mensajero de Dios y el modelo de vida para los creyentes.

La ziyara, una visita devocional

La visita a Medina recibe tradicionalmente el nombre de ziyara, un término que designa las visitas piadosas a lugares vinculados con la historia sagrada del islam. Aunque no forma parte de los rituales obligatorios, la gran mayoría de los peregrinos que viajan a La Meca procuran también desplazarse hasta Medina.

Durante su estancia, muchos participan en las cinco oraciones diarias en la Mezquita del Profeta, leen el Corán, visitan también la mezquita de Quba o el cementerio de Al-Baqi, donde reposan numerosos familiares y compañeros del Profeta Muhammad. La peregrinación se convierte así en una oportunidad para profundizar en los orígenes de la fe y renovar el compromiso de fe.

Yacubi recuerda, sin embargo, que esta visita nunca sustituye el Hayy. “Es muy importante distinguirlo”. Visitar Medina es una decisión personal que puede enriquecer la fe, pero no tiene el mismo valor religioso ni sustituye la peregrinación a La Meca.

Medina, ciudad de peregrinos

La Mezquita del Profeta es hoy uno de los espacios religiosos más visitados del planeta. Las grandes ampliaciones impulsadas durante las últimas décadas permiten acoger a cientos de miles de fieles a la vez, especialmente durante el período del Hayy y el mes del Ramadán.

El ritmo de la ciudad está marcado por la llamada a la oración y por la llegada constante de peregrinos procedentes de los cinco continentes. A pesar de la magnitud del conjunto, Medina continúa siendo, para muchos, un lugar de serenidad y recogimiento. Como guía de peregrinación, Yacubi asegura que es “uno de los lugares donde más claramente he visto cómo las personas encuentran paz, consuelo y una conexión profunda con su fe”. Según explica, la ciudad transmite “tranquilidad, misericordia y proximidad” y ayuda a los fieles a entender mejor la personalidad del Profeta y el mensaje que transmitió. “Medina hace que el islam deje de ser solo un conjunto de enseñanzas para convertirse en una experiencia vivida desdel corazón”, concluye Fatima.

La geografía sagrada del islam

El tercer gran destino del islam es Jerusalén, donde se ubica la mezquita de Al-Aqsa, que Yacubi define como “la primera qibla del islam y uno de sus espacios más sagrados”.

Reconocida como ciudad santa por las tres grandes religiones monoteístas, Jerusalén concentra una enorme carga espiritual e histórica, pero también es uno de los lugares más disputados del mundo. Para los musulmanes, Al-Aqsa recuerda el Viaje Nocturno y la Ascensión del Profeta Muhammad a los cielos, y simboliza el vínculo del islam con los profetas anteriores. Al mismo tiempo, la ciudad acoge lugares fundamentales para el judaísmo, como el Muro Occidental, conocido como el Muro de las Lamentaciones, único vestigio conservado del Segundo Templo de Jerusalén, destruido por los romanos en el año 70 dC. Para los cristianos, Jerusalén es también donde Jesús vivió su pasión, muerte y resurrección, y donde se levanta la basílica del Santo Sepulcro, uno de sus principales santuarios.

Ahora bien, más allá de estos tres grandes centros, hay otras localizaciones que mantienen un significado especial para los fieles: Hebrón, donde la tradición sitúa la tumba de Abraham; Karbala y Najaf, centros de peregrinación especialmente importantes para los musulmanes chiíes; o el monte Arafat, en las afueras de La Meca, escenario culminante del Hayy.

También destacan otras ciudades que se han convertido en grandes centros de conocimiento islámico a lo largo de los siglos, como Konya, en Turquía, donde muchas personas buscan profundizar en la dimensión interior de la fe a través de la tradición sufí. Yacubi añade Sarajevo como un espacio que “conecta a los creyentes con la historia de su religión”, por la convivencia entre el patrimonio, la comunidad y la espiritualidad.

Sin embargo, Medina adquiere una dimensión más íntima. Aquí el Profeta Muhammad no solo predicó, sino que gobernó, impartió justicia, estableció los cimientos de la nueva comunidad de creyentes y pasó allí los últimos años de su vida. Para el peregrino, es una manera de acercarse al aspecto más humano del mensajero de Dios y a los orígenes de una comunidad que, catorce siglos después, continúa reuniendo a más de mil ochocientos millones de fieles en todo el mundo. Para Yacubi, es precisamente esta proximidad lo que convierte a Medina en “un lugar donde la fe se vive con el corazón, desde la paz, el recuerdo y el agradecimiento”.

FuenteAlba Martorell Cid - catalunyareligio.cat
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