
Respuesta breve: las cinco oraciones obligatorias del islam suman 17 rakats al día y cada una dura entre cinco y diez minutos, de modo que en total ocupan menos de una hora diaria. Para encajarlas en una agenda exigente ayuda rezar al comienzo de cada franja horaria, reservar ese tiempo en el calendario como cualquier otra cita y localizar un lugar limpio en el trabajo. Cuando existe una necesidad real, un hadiz auténtico recogido en Sahih Muslim 705 permite, según numerosos sabios, unir el dhuhr con el asr y el magrib con el isha de forma ocasional. En España, además, la Ley 26/1992 reconoce el derecho a solicitar la interrupción del trabajo los viernes para la oración. 🕌
La falta de tiempo es, probablemente, la razón más citada por los musulmanes que no rezan con regularidad. Por eso hemos querido abordar la cuestión desde dos ángulos complementarios: el testimonio de alguien que vivió exactamente ese problema y logró superarlo, y una guía práctica con las soluciones que ofrece la propia jurisprudencia islámica para quienes tienen jornadas largas, viajan o trabajan en entornos donde rezar no resulta sencillo.
El testimonio: de rezar a destiempo a no perder ni una oración
Compartimos a continuación la experiencia de un periodista musulmán que durante años consideró imposible compatibilizar su trabajo con las cinco oraciones diarias. Su relato, en primera persona, refleja algo que hemos escuchado muchas veces en nuestra comunidad.
Un horario que no dejaba hueco
«Antes de que realmente comenzara a cultivar y nutrir mi relación con Dios, consideraba laboriosas las cinco oraciones diarias que el islam ordena a los creyentes. Parecía poco práctico esperar que sería capaz de detener lo que estaba haciendo durante mi ocupado horario de trabajo para tomarme un tiempo y rezar.
Trabajando como periodista de noticias, a menudo pasaba más de diez horas al día en la oficina o en conferencias, entrevistas y reuniones, y apenas podía sacar tiempo para almorzar. Si no estaba trabajando, mi tiempo se dividía entre las tareas domésticas, los recados, la familia, los amigos y el ejercicio. Era puntual con todo en mi vida, excepto con la oración: con ella llegaba tarde cinco veces al día».
Cada oración parecía un obstáculo
«En mi opinión, no era viable despertarme antes del amanecer para rezar la oración del alba, el fajr, porque estaría demasiado cansado para trabajar bien por la mañana. También me parecía poco eficaz interrumpir mis reuniones para rezar el dhuhr, la oración del mediodía, y el asr, la de la tarde.
Hacer el magrib, la oración del ocaso, era a menudo un desafío, porque su franja es bastante corta y coincide con el momento de terminar el trabajo, cenar y volver a casa. En la práctica, la única oración que podía rezar a tiempo era el isha, la de la noche. Durante la mayor parte de mi vida, por tanto, en el mejor de los casos rezaba las cinco oraciones por la noche, o me saltaba alguna aquí y allá para acomodar mis compromisos. Sin darme cuenta, mi inconstancia trivializó el principio de repartir las oraciones a lo largo del día. Creía en Dios y lo amaba, pero en mis propios términos, no en los que establecen con claridad el Corán y las enseñanzas proféticas».
El momento del cambio
«Rezar las cinco oraciones diarias en sus tiempos prescritos es la columna vertebral de ser musulmán. Cuando llegué a comprender de verdad la importancia de la oración, la comprensión fue abrumadora y rápida. Caí en la cuenta de que, si no cumplía esta condición, difícilmente podía afirmar que vivía como musulmán. Aunque deseara una conexión sólida con el Todopoderoso, no estaba dando los pasos necesarios para lograrla.
Reorienté mi vida y ahora hace un año y medio que no he perdido intencionadamente ni una oración, esté en la oficina, en un centro comercial, en el supermercado, con amigos o de viaje».
Lo que descubrió al otro lado
«Mirando atrás, veo lo equivocado que estaba sobre la supuesta impracticabilidad de las oraciones, que son breves y directas. Cuando pasé de intentar adaptar las oraciones a mi vida a adaptar mi vida a mi horario de oración, eliminé una gran cantidad de desorden de mi rutina. Empecé a apartar la negatividad y a reducir las conversaciones innecesarias, lo que me ayudó a estar más centrado y a ser más productivo y paciente.
En poco tiempo me sorprendió lo fáciles y fluidas que se volvieron las oraciones. Rezar al alba me daba, de hecho, un impulso de energía para el resto del día, y las oraciones que al principio me parecían engorrosas se convirtieron en una parte esencial de mi rutina. Con la ayuda de Dios, encontré la forma de rezar fueran cuales fueran los obstáculos».
Una aclaración sobre rezar todas las oraciones juntas por la noche
El testimonio describe con franqueza una práctica muy extendida: acumular las oraciones del día y rezarlas todas por la noche. Conviene aclararlo para que ningún lector lo tome como una opción válida.
El Corán establece que «la oración es, para los creyentes, una prescripción con tiempos determinados» (An-Nisa 4:103). Retrasar deliberadamente una oración hasta que termina su franja, sin una causa reconocida, es una falta seria que los sabios consideran grave, y el Corán advierte expresamente contra quienes descuidan su oración (Al-Maun 107:4-5).
Lo que sí contempla la jurisprudencia son facilidades concretas y regladas para quien tiene dificultades reales, que explicamos a continuación. La diferencia es importante: no se trata de rezar cuando a uno le viene bien, sino de conocer las vías que la propia tradición ofrece.
Cuánto tiempo ocupan realmente las cinco oraciones
Buena parte de la sensación de imposibilidad procede de sobrestimar el tiempo necesario. Estas son las oraciones obligatorias y sus unidades (rakats):
- Fajr (alba): 2 rakats
- Dhuhr (mediodía): 4 rakats
- Asr (tarde): 4 rakats
- Magrib (ocaso): 3 rakats
- Isha (noche): 4 rakats
En total, 17 rakats diarios. Una oración obligatoria sin prisas pero sin prolongarla dura habitualmente entre cinco y diez minutos, ablución incluida. Es decir, el conjunto ocupa aproximadamente lo mismo que una pausa para el café a media mañana y otra a media tarde.
Otro dato que tranquiliza: cada oración tiene una franja horaria, no un minuto exacto. El dhuhr, por ejemplo, puede rezarse desde que el sol pasa su cénit hasta que comienza el tiempo del asr, lo que en muchas épocas del año supone varias horas de margen. La franja más estrecha suele ser la del magrib, razón por la cual es la que más conviene planificar.
Estrategias prácticas para rezar con una agenda apretada
Rezar al comienzo de la franja
Es el consejo que más repiten quienes han conseguido regularidad. Si esperas al hueco perfecto, la franja se agota. Si rezas nada más entrar el tiempo, la oración queda resuelta antes de que surjan imprevistos. Además, rezar al principio del tiempo es lo recomendable según la tradición.
Tratar la oración como una cita fija
Bloquear en el calendario laboral diez minutos en torno al dhuhr y al asr funciona sorprendentemente bien. Tus compañeros verán ese tiempo ocupado igual que cualquier otra reunión, y evitarás que te convoquen justo entonces. Las aplicaciones de horarios de oración con avisos ayudan a no depender de la memoria.
Localizar un lugar en el trabajo
No hace falta una mezquita. El Profeta (ﷺ) enseñó que «la tierra entera ha sido hecha para mí lugar de oración y medio de purificación» (Sahih al-Bujari 335, Sahih Muslim 521). Basta un espacio limpio: una sala de reuniones libre, un despacho, un rincón tranquilo. Muchos musulmanes llevan una esterilla plegable en la mochila o la dejan en la oficina.
Aprovechar la ablución
La ablución (wudu) no se anula por el mero paso del tiempo, sino por causas concretas. Quien la conserva desde una oración puede rezar la siguiente sin repetirla, lo que ahorra minutos y facilita rezar en lugares donde lavarse resulta incómodo.
Preparar el fajr desde la noche anterior
La oración del alba es la que más cuesta, y el testimonio lo refleja bien. La solución suele estar en la noche previa: acostarse antes, dejar el despertador lejos de la cama y rezar el fajr nada más levantarse, antes de mirar el móvil. Muchas personas descubren, como el periodista, que tras unas semanas el cuerpo se adapta.
Cuando la necesidad es real: unir las oraciones
Aquí entra una de las facilidades más relevantes para quien tiene jornadas especialmente exigentes. El compañero Ibn Abbas transmitió que el Profeta (ﷺ) unió el dhuhr con el asr y el magrib con el isha en Medina, sin que hubiera miedo ni lluvia. Al preguntarle por qué lo hizo, respondió que quería que nadie de su comunidad se viera en dificultad (Sahih Muslim 705).
Qué dicen los sabios
Este hadiz ha generado un debate jurídico que conviene conocer:
- Una parte de los sabios considera permisible unir las oraciones por una necesidad real estando en la propia ciudad, siempre que no se convierta en costumbre. An-Nawawi, en su comentario a Sahih Muslim, recoge esta opinión, sostenida entre otros por Ashhab, de la escuela malikí, Ibn al-Mundhir, de la escuela shafií, Ibn Sirin e Ibn Shubruma.
- La escuela hanafí interpreta el hadiz de otro modo: entiende que el Profeta rezó la primera oración al final de su tiempo y la segunda al comienzo del suyo, de manera que parecían unidas sin salirse ninguna de su franja.
Reglas básicas si se une
- Solo pueden unirse el dhuhr con el asr y el magrib con el isha.
- El fajr nunca se une con ninguna otra oración.
- Se mantiene el orden: primero el dhuhr y luego el asr; primero el magrib y luego el isha.
- Unir no reduce el número de rakats; eso es otra cosa, el acortamiento del viaje.
Nuestra recomendación es clara: utilizar esta facilidad cuando surja una necesidad concreta, una jornada excepcional o una situación que realmente impida rezar a su tiempo, y no como solución estructural a una agenda mal organizada. Ante la duda, lo prudente es consultar con el imam de la propia comunidad.
Si viajas por trabajo: acortar y unir
El viajero dispone de facilidades más amplias y sobre las que existe mayor acuerdo. El Corán permite acortar la oración durante el viaje (An-Nisa 4:101), de modo que las oraciones de cuatro rakats, dhuhr, asr e isha, se rezan con dos. El fajr y el magrib no se acortan.
Además, durante el viaje la unión de oraciones está ampliamente aceptada por las distintas escuelas. Para quien viaja con frecuencia por motivos profesionales, conocer estas normas simplifica enormemente la práctica diaria. Los detalles, como la distancia mínima o la duración de la estancia, varían según la escuela jurídica, por lo que conviene consultarlos. ✈️
Tus derechos si trabajas en España
Un aspecto poco conocido incluso entre muchos musulmanes que viven en España. La Ley 26/1992, que aprueba el Acuerdo de Cooperación del Estado con la Comisión Islámica de España, establece en su artículo 12 lo siguiente:
- Los miembros de las comunidades islámicas pertenecientes a la Comisión Islámica de España pueden solicitar la interrupción de su trabajo los viernes de 13:30 a 16:30, para la oración colectiva del viernes.
- Durante Ramadán, pueden solicitar terminar la jornada una hora antes de la puesta del sol.
- En ambos casos es necesario el previo acuerdo entre las partes, y las horas no trabajadas deben recuperarse sin compensación.
La ley contempla también la posibilidad de sustituir festivos por las dos grandes fiestas islámicas, previo acuerdo, y dispensa a los alumnos musulmanes de asistir a clase los viernes en ese horario si lo solicitan.
No es un derecho automático, porque requiere acuerdo con la empresa, pero sí constituye un respaldo legal para plantear la conversación con naturalidad.
El dhikr: mantener la conexión entre oración y oración
El testimonio termina con una idea que nos parece esencial. Para complementar sus oraciones, el periodista integró en su día el dhikr, el recuerdo de Allah mediante fórmulas breves, como «La ilaha illa Allah» (No hay más dios que Allah).
Se atribuye a Al-Ghazali una observación que resume bien este proceso: el alma se acostumbra a aquello a lo que la acostumbras, y lo que al principio le pesa acaba convirtiéndose en naturaleza.
El Corán lo expresa con una claridad difícil de superar:
«¿Acaso no es con el recuerdo de Allah con lo que se tranquilizan los corazones?»
Corán, Ar-Rad 13:28
El dhikr tiene una ventaja práctica evidente para quien anda escaso de tiempo: no requiere ni lugar ni momento especial. Puede hacerse caminando, en el transporte o mientras se espera una reunión. Es el hilo que une una oración con la siguiente. 🤲























