Respuesta breve: el Corán contiene, según numerosos exégetas y estudiosos, indicios lingüísticos que apuntan a una Tierra esférica, especialmente en el versículo Az-Zumar 39:5 con el verbo yukawwir (يُكَوِّرُ), cuya raíz árabe está relacionada con la palabra kurah (bola). Basándose en estas señales, científicos musulmanes de los siglos IX al XI —como Al-Farghani, Ibn Hazm o Al-Biruni— defendieron abiertamente la esfericidad terrestre y llegaron a calcular su radio con un margen de error inferior al 1% respecto al valor real. 🌍
Ahora bien, conviene aclarar desde el principio algo importante: el Corán no es un tratado científico, sino un libro de signos (ayat), y la esfericidad de la Tierra ya era conocida por los antiguos griegos siglos antes del islam. Lo verdaderamente fascinante —y lo que analizaremos con detalle en este artículo— es cómo el lenguaje coránico armoniza con esa realidad, y cómo los eruditos musulmanes usaron esas indicaciones para impulsar avances científicos extraordinarios durante la Edad de Oro del Islam.
En las siguientes secciones repasaremos los versículos clave, las interpretaciones lingüísticas de sabios como Ibn Hazm, las mediciones geodésicas del Califa Al-Ma’mun y el genial método trigonométrico de Al-Biruni desde la actual Pakistán. También abordaremos preguntas frecuentes que, tras años trabajando estos contenidos, hemos identificado como las más buscadas por el público hispanohablante interesado en la relación entre Corán y ciencia.
Qué señala realmente el Corán sobre la forma de la Tierra
Antes de entrar en versículos concretos, conviene establecer un principio fundamental que muchas veces se pasa por alto: el Corán no afirma explícitamente «la Tierra es redonda» en ningún versículo. Lo que sí encontramos son varias descripciones del ciclo día-noche, de los movimientos celestes y del planeta que, según los exégetas clásicos y modernos, resultan coherentes con una geometría esférica y difícilmente comprensibles bajo la premisa de una Tierra plana.
Desde nuestra experiencia estudiando estas cuestiones, hemos observado que en las discusiones populares suelen mezclarse tres planos distintos:
- El plano lingüístico: qué significan exactamente ciertas raíces árabes como k-w-r o d-ḥ-w.
- El plano exegético: cómo interpretaron esos versículos los sabios musulmanes clásicos (Ibn Kathir, Ibn Hazm, Ibn Taymiyya, entre otros).
- El plano científico: qué aportaciones concretas hicieron los astrónomos musulmanes a la comprensión de la forma y el tamaño del planeta.
Analizar estos tres planos por separado nos permite responder con honestidad y precisión, evitando tanto los excesos apologéticos como las negaciones injustificadas. Vamos con ello. 📖
Los versículos coránicos clave sobre la forma de la Tierra
La tradición islámica y los estudios académicos identifican principalmente tres pasajes del Corán como los más citados en el debate sobre la esfericidad terrestre. Los repasamos por orden de solidez del argumento lingüístico.
Sura Az-Zumar 39:5 — El verbo «yukawwir» y su vínculo con la esfericidad
Este es, sin lugar a dudas, el versículo con el argumento lingüístico más sólido. Su traducción aproximada es:
«Creó los cielos y la Tierra con la Verdad. Enrolla la noche sobre el día y enrolla el día sobre la noche, y ha sometido al sol y a la luna, cada uno recorre su curso hasta un plazo establecido.»
— Corán, Az-Zumar 39:5
La clave está en el verbo árabe yukawwir (يُكَوِّرُ), que proviene de la raíz trilítera k-w-r. Esta raíz encierra los significados de enrollar, envolver, arrollar o hacer girar sobre sí mismo, como cuando se enrolla un turbante alrededor de la cabeza. Además, guarda un vínculo etimológico directo con la palabra kurah (كرة), que en árabe significa literalmente bola o esfera.
El sabio andalusí Ibn Hazm (994-1064), al que dedicaremos una sección más adelante, empleó precisamente este argumento lingüístico: si la noche se enrolla sobre el día y viceversa, dicha acción solo tiene sentido sobre una superficie curva o esférica. Sobre una Tierra plana, el paso del día a la noche sería abrupto, no un enrollamiento gradual.
Sura Luqman 31:29 — La transición fluida entre día y noche
Otro versículo frecuentemente citado dice, en traducción aproximada:
«¿No has visto cómo Allah hace que la noche entre en el día y que el día entre en la noche, y ha sometido al sol y a la luna, cada uno recorriendo su curso hasta un plazo establecido, y que Allah está bien informado de lo que hacéis?»
— Corán, Luqman 31:29
Aquí el verbo empleado es yooliju (يُولِجُ), traducido normalmente como hacer entrar, introducir o fusionar. Muchos exégetas clásicos, como Ibn Kathir, han interpretado esta expresión como la referencia a la transición gradual entre día y noche: los minutos que la noche gana al día en invierno se le añaden progresivamente, y viceversa en verano. Un fenómeno así, subrayan, solo puede darse en un planeta esférico que rota sobre su propio eje.
Idea similar aparece en otros versículos como 3:27, 22:61, 35:13 y 57:6, siempre con el mismo verbo yooliju. La reiteración indica que se trata de una imagen recurrente del Corán para hablar del ciclo diurno.
Sura An-Nazi’at 79:30 — El debate sobre «dahaha»
Este es el versículo más discutido académicamente, y precisamente por eso debemos ser especialmente cuidadosos con las afirmaciones. Traducido de forma literal dice:
«Y la Tierra, después de eso, la dahaha.»
— Corán, An-Nazi’at 79:30
El verbo dahaha (دَحَاهَا) proviene de la raíz d-ḥ-w. Su significado clásico, tal como recogen los diccionarios árabes antiguos, es extender, esparcir o estirar. La mayoría de las traducciones tradicionales, como las de Yusuf Ali, Pickthall o Shakir, optan por «la extendió».
Sin embargo, apologistas musulmanes modernos han señalado que de la misma raíz d-ḥ-w derivan también palabras relacionadas con el nido y el huevo del avestruz árabe (udhiyah). Sobre esta base, algunos autores contemporáneos sostienen que dahaha podría insinuar una forma ovalada, semejante a un esferoide achatado por los polos —que es precisamente la forma real de nuestro planeta—.
Nosotros preferimos ser honestos aquí: esta interpretación «de forma de huevo» es principalmente moderna y no aparece en los diccionarios árabes clásicos con esa carga específica. Los exégetas tradicionales (al-Tabari, al-Jalalayn, Ibn Kathir) leyeron dahaha como «extender para hacerla habitable». Que la raíz tenga conexiones con la palabra para nido de avestruz es cierto; que eso implique una afirmación explícita de esferoide oblato es un salto interpretativo posterior.
Por tanto, si bien el versículo 39:5 sí presenta un argumento lingüístico sólido, con 79:30 conviene ser más prudente y no sobrecargar afirmaciones que la exégesis clásica no sostenía.
Cómo interpretaron estos versículos los sabios musulmanes clásicos
Contrariamente a lo que podría pensarse, la esfericidad de la Tierra fue defendida abiertamente por los principales sabios del islam clásico, y en muchos casos con argumentos derivados directamente del Corán. Repasamos a los más influyentes.
Ibn Hazm (994-1064): el argumento lingüístico del erudito andalusí
El polímata cordobés Ibn Hazm —jurista, teólogo, filósofo y autor de más de 400 obras— dedicó pasajes específicos de su famoso libro Al-Fasl fi al-Milal wa al-Ahwa’ wa al-Nihal a refutar la idea de una Tierra plana. Su razonamiento, particularmente elegante, se apoya justamente en la lingüística coránica:
«El verbo yukawwir del versículo 39:5 se relaciona con enrollar un turbante alrededor de la cabeza, lo cual solo es posible en un objeto esférico. Si la noche y el día se enrollan mutuamente, la superficie donde ocurre esa acción debe ser necesariamente redonda.»
Este argumento, formulado hace casi mil años en la Al-Ándalus musulmana, sigue siendo citado hoy por sabios y académicos contemporáneos. Muestra hasta qué punto la ciencia y la teología dialogaban con fluidez en el mundo islámico medieval.
Ibn Taymiyya y el consenso de los sabios musulmanes
Tres siglos después, el gran sabio Ibn Taymiyya (1263-1328), figura influyente incluso en corrientes contemporáneas, retomó el mismo argumento lingüístico y añadió una declaración muy citada. Refiriéndose a un texto previo del sabio Abu al-Husayn Ibn Munada, escribió que existía consenso entre los eruditos (ijma’) de que:
«La Tierra, con todos sus movimientos en tierra y mar, es como una bola.»
El detalle es importante: durante el periodo clásico del islam, la esfericidad terrestre no era una idea marginal ni herética, sino la posición mayoritaria de los sabios sunitas. Muchos otros pensadores, como Al-Ghazali o Fakhr al-Din al-Razi, compartían esta visión.
Los grandes científicos musulmanes que midieron la Tierra
Sin embargo, si algo distingue realmente al mundo islámico medieval no son solo las lecturas teológicas, sino las mediciones prácticas que llevaron a cabo. Sus astrónomos no se conformaron con afirmar que la Tierra era esférica: se propusieron calcular su tamaño con una precisión asombrosa para la época.
El Califa Al-Ma’mun y la primera gran medición islámica (siglo IX)
En el siglo IX, el Califa abasí Al-Ma’mun (786-833), hijo de Harun al-Rashid, comisionó a un equipo de astrónomos y geógrafos con una misión ambiciosa: medir la circunferencia de la Tierra. Sus motivaciones eran tanto religiosas como políticas:
- Religiosas: los musulmanes necesitaban conocer la dirección exacta hacia La Meca (qibla) desde cualquier punto del vasto califato.
- Prácticas: el propio califa quería conocer la extensión real de sus dominios.
El equipo se desplazó al desierto de Sinjar, entre Tadmur (Palmira) y Raqqa, en la actual Siria. Midieron la distancia sobre la que el ángulo del sol al mediodía cambiaba en un grado, la multiplicaron por 360 y obtuvieron una circunferencia terrestre con un error inferior al 4% respecto al valor real. Un logro impresionante para el siglo IX.
Al-Farghani (aprox. 800-870): el astrónomo cuyo nombre llegó a Europa
Contemporáneo del proyecto de Al-Ma’mun, Abu al-Abbas Ahmad ibn Muhammad ibn Kathir al-Farghani —conocido en la Europa medieval como Alfraganus— fue uno de los astrónomos más citados del mundo medieval. Trabajó en Bagdad, en el corazón intelectual del califato, y escribió una síntesis del Almagesto de Ptolomeo titulada «Elementos de astronomía».
Sus obras, traducidas al latín, influirían siglos después en autores como Roger Bacon o Dante Alighieri. Al-Farghani afirmaba con rotundidad la esfericidad de la Tierra y aportaba argumentos astronómicos concretos: la variación del cielo visible según la latitud, la forma circular de la sombra terrestre durante los eclipses lunares y la desaparición gradual de los barcos en el horizonte.
Al-Biruni (973-1048): el genio que calculó el radio con precisión asombrosa
Abu Rayhan Muhammad ibn Ahmad al-Biruni merece una sección propia. Nacido en Khwarazm (actual Uzbekistán) y fallecido en Ghazni (actual Afganistán), fue uno de los mayores polímatas de toda la historia: astrónomo, matemático, geógrafo, historiador, antropólogo, farmacólogo y estudioso comparado de las religiones.
En torno al año 1017 d. C., durante una estancia en la fortaleza de Nandana (situada en el actual Punjab pakistaní, cerca de Pind Dadan Khan), Al-Biruni diseñó un método completamente original para calcular el radio de la Tierra sin necesidad de recorrer largas distancias por el desierto. Su ingenio consistió en:
- Medir la altura exacta de una montaña próxima.
- Ascender a su cumbre y observar el ángulo de depresión del horizonte.
- Aplicar trigonometría esférica (concretamente, la ley de los senos) para deducir el radio del planeta.
El resultado, para el siglo XI, fue asombroso: estimó el radio terrestre en aproximadamente 6.340 km, apenas un 1% de error respecto al valor moderno (6.371 km). Esa cifra le permitió calcular una circunferencia de unos 39.830 km, superando en precisión incluso a la clásica medida del griego Eratóstenes.
Además, Al-Biruni construyó el primer globo terráqueo conocido de Asia Central, propuso ideas compatibles con el heliocentrismo (que la Tierra rota sobre su eje y podría orbitar al Sol), y en su obra Codex Masudicus (1037) llegó a plantear la existencia de un continente desconocido entre Asia y Europa: siglos antes del «descubrimiento» de América, había argumentado que las leyes geológicas hacían inevitable la existencia de tierras al otro lado del océano.
La Casa de la Sabiduría: el ecosistema que hizo posibles estos avances
Estos hallazgos no fueron obra del azar. Detrás había una infraestructura intelectual sin precedentes en el mundo medieval: la Casa de la Sabiduría (Bayt al-Hikma) de Bagdad, fundada por el Califa Harun al-Rashid y potenciada enormemente por Al-Ma’mun a comienzos del siglo IX.
En este centro —una combinación entre biblioteca, academia y centro de traducción— trabajaban codo con codo:
- Eruditos musulmanes procedentes de todo el califato, desde Al-Ándalus hasta Persia.
- Cristianos siríacos especializados en traducir del griego al árabe.
- Sabios judíos, muchos de ellos médicos y astrónomos de renombre.
- Filósofos zoroastrianos e hindúes que aportaron tradiciones matemáticas propias.
Gracias a este ecosistema plural, se tradujeron al árabe las obras de Aristóteles, Ptolomeo, Euclides y otros autores griegos. Ese conocimiento clásico, en lugar de quedarse fosilizado, sirvió de trampolín para expandir la ciencia con observaciones propias, correcciones y descubrimientos originales. Sin la Casa de la Sabiduría, difícilmente habrían existido las mediciones de Al-Ma’mun o los cálculos de Al-Biruni.
Un mito frecuente que conviene desmontar: ¿en Europa se creía que la Tierra era plana?
En el artículo original que estamos revisando aparece una afirmación muy extendida: que «durante la Edad Media en Europa, sostener la idea de que la Tierra era redonda se consideraba herético». Como creadores de contenido comprometidos con el rigor, debemos ser honestos y matizar esta idea, porque es en gran medida un mito historiográfico.
La realidad, sostenida hoy por prácticamente todos los historiadores de la ciencia (Jeffrey Burton Russell, David Lindberg, Edward Grant), es la siguiente:
- Los antiguos griegos ya sabían que la Tierra era esférica desde el siglo VI a. C. (Pitágoras, Aristóteles, Eratóstenes).
- Ese conocimiento se conservó en la Europa medieval. Autores como Isidoro de Sevilla (siglo VII), el Venerable Beda (siglo VIII) o Tomás de Aquino (siglo XIII) defendían abiertamente la esfericidad.
- La idea de que «la Iglesia enseñaba una Tierra plana» es una invención decimonónica, propagada especialmente por Washington Irving en su novela sobre Colón (1828) y por los polemistas antirreligiosos John William Draper y Andrew Dickson White.
Reconocer esto no resta ningún mérito al mundo islámico medieval. Al contrario: subraya lo verdaderamente relevante. Y es que, mientras el conocimiento griego se transmitía de forma más bien conservadora en Europa, en el califato abasí se ampliaba, corregía y perfeccionaba activamente, con mediciones nuevas, instrumentos astronómicos mejorados y observaciones sistemáticas. Ahí radica la genuina aportación de la ciencia islámica.
Qué aporta hoy conocer estos hallazgos coránicos y científicos
Estudiar la relación entre el Corán y la ciencia esférica de la Tierra tiene tres valores prácticos que, desde nuestra experiencia divulgando estos temas, apreciamos especialmente:
1. Recuperar el legado científico musulmán olvidado. Nombres como Al-Biruni, Al-Farghani o Ibn Hazm siguen siendo mucho menos conocidos que Copérnico o Galileo, pese a haber contribuido decisivamente al avance del conocimiento humano. Divulgar sus logros equivale a recuperar una parte injustamente silenciada de la historia universal.
2. Superar caricaturas mutuas. Ni la ciencia se opone al islam ni el islam se opone a la ciencia. Los siete siglos comprendidos entre el 750 y el 1450 d. C. muestran que, cuando existió un ecosistema intelectual próspero (bibliotecas, mecenazgo, tolerancia religiosa), el mundo musulmán fue vanguardia científica global.
3. Aprender a leer el Corán con las herramientas adecuadas. Ni el Corán es un manual de física, ni todos sus versículos deben forzarse a coincidir con la ciencia más reciente. Su lectura fructífera exige comprensión lingüística, contexto histórico y respeto exegético. Solo así se aprovecha su profundidad sin caer en apologéticas exageradas.
Preguntas frecuentes sobre el Corán y la forma de la Tierra
¿Existen hadices auténticos del Profeta Muhammad sobre la forma esférica de la Tierra?
No existen hadices auténticos (sahih) atribuidos al Profeta Muhammad (que la paz y las bendiciones de Allah sean con él) en los que se afirme de forma explícita que la Tierra tiene forma esférica. Los debates sobre la esfericidad terrestre en el mundo musulmán clásico se fundamentaron en la exégesis coránica (versículos como Az-Zumar 39:5), en la razón lingüística aplicada al árabe clásico y en la observación astronómica. Cuando algunos textos mencionan afirmaciones del Profeta sobre la naturaleza de la Tierra, suelen tratarse de tradiciones consideradas débiles (da’if) o fabricadas (mawdu’) por los expertos en hadices. Por eso, los sabios musulmanes que defendieron la esfericidad —Ibn Hazm, Ibn Taymiyya, Al-Biruni— se apoyaron en el análisis del Corán y en la evidencia científica, no en presuntos dichos proféticos sobre astronomía.
¿Por qué algunos musulmanes actuales defienden la teoría de la Tierra plana?
Se trata de una minoría muy reducida, y su postura choca con el consenso histórico de los sabios musulmanes clásicos. Estos defensores modernos suelen apoyarse en una lectura literal y descontextualizada de versículos que hablan de la Tierra «extendida» (como An-Nazi’at 79:30 con el verbo dahaha), ignorando dos hechos clave: primero, que ese lenguaje es una descripción fenomenológica —cómo experimentamos la Tierra caminando sobre ella, no una afirmación geométrica—; segundo, que los grandes exégetas clásicos (Ibn Kathir, al-Tabari, al-Qurtubi) nunca extrajeron de esos versículos una negación de la esfericidad. Es más, muchos de ellos afirmaron activamente que la Tierra era redonda. Por tanto, la posición flatearlerista contemporánea es una reinterpretación marginal que carece de tradición exegética y contradice frontalmente los avances documentados de la ciencia islámica medieval.
¿Habla el Corán del movimiento de rotación y traslación de la Tierra?
De forma explícita, no. El Corán no describe con vocabulario científico moderno los movimientos de rotación (giro sobre el propio eje) ni de traslación (órbita alrededor del Sol). Existen, eso sí, versículos como An-Naml 27:88, que dice: «Verás las montañas y las creerás inmóviles, pero se mueven como las nubes», que algunos exégetas modernos interpretan como una alusión al movimiento planetario. Sin embargo, la lectura clásica se refería más bien al Día del Juicio o a un fenómeno espiritual, no a la rotación terrestre. Lo que sí es históricamente comprobable es que científicos musulmanes como Al-Biruni ya proponían en el siglo XI la posibilidad de que la Tierra rotara sobre su eje, siglos antes de Copérnico. Esa reflexión, no obstante, se derivaba de observaciones astronómicas y razonamientos matemáticos, no directamente de versículos coránicos.
¿Es cierto que Al-Biruni predijo la existencia del continente americano?
Efectivamente, esta es una de las aportaciones menos conocidas y más fascinantes de Al-Biruni. En su obra Codex Masudicus (aprox. 1037), este sabio persa razonó del siguiente modo: si conocemos con relativa precisión el tamaño de Eurasia (la masa continental que se extiende desde Portugal hasta China) y calculamos la circunferencia total del planeta, resulta evidente que Eurasia solo ocupa alrededor de dos quintas partes de la superficie terrestre. El resto tenía que ser océano… o tierra desconocida. Al-Biruni concluyó, aplicando puros razonamientos geológicos y geográficos, que era muy probable que existieran continentes habitados en la inmensa extensión oceánica entre Asia y Europa, ya que las mismas fuerzas naturales que habían formado Eurasia debían haber producido tierras similares en otras partes del globo. Casi cinco siglos antes del viaje de Colón (1492), un sabio musulmán del siglo XI había deducido, a partir de la esfericidad de la Tierra y de mediciones geodésicas, la existencia del que hoy llamamos continente americano.
¿Debemos leer el Corán como si fuera un libro de ciencia?
La respuesta corta es no. El Corán es, ante todo, un libro de guía espiritual, moral y jurídica, no un manual científico. Los sabios musulmanes clásicos ya advertían del riesgo de forzar cada versículo para que coincidiera con la ciencia de cada época, algo que llevaría a reinterpretaciones constantes y contradictorias a medida que avanza el conocimiento humano. Ahora bien, el Corán sí invita repetidamente al ser humano a observar los signos (ayat) de Allah en la creación —los cielos, la Tierra, la sucesión del día y la noche, las plantas, los animales— y a reflexionar sobre ellos. En este sentido, cuando el lenguaje coránico ofrece descripciones que resultan compatibles con hallazgos científicos posteriores (como en el caso de yukawwir), lo apropiado es señalar la armonía, no forzar predicciones. Al mismo tiempo, es igualmente equilibrado reconocer que versículos como el 79:30 admiten varias interpretaciones y que no todo lo que suena «moderno» debe leerse como una revelación científica anticipada.
¿Qué otras aportaciones astronómicas realizaron los sabios musulmanes medievales?
Las contribuciones son enormes y merecerían por sí solas un artículo aparte. A modo de resumen, destacamos: (1) Perfeccionamiento del astrolabio, instrumento clave para determinar la qibla, las horas de oración y la navegación; (2) Creación del observatorio de Maragha (siglo XIII) por Nasir al-Din al-Tusi, cuyos modelos planetarios influirían en Copérnico; (3) Tablas astronómicas como las Tablas Toledanas de Al-Zarqali (siglo XI, Toledo), usadas en toda Europa durante siglos; (4) Descubrimiento de la precesión de los equinoccios con precisión mejorada, gracias a Al-Battani (siglo IX); (5) Nombres árabes de estrellas que todavía usamos hoy —Aldebarán, Betelgeuse, Rigel, Vega, Altair, Deneb— testimonio del papel central de la astronomía islámica; (6) Cálculo de la duración del año solar por Al-Battani con un error de apenas 2 minutos y 22 segundos. Estos avances no habrían sido posibles sin la aceptación previa —tanto teológica como científica— de la esfericidad terrestre.
Conclusiones: entre exégesis, ciencia y honestidad intelectual
Tras revisar los versículos, las interpretaciones clásicas y los avances científicos concretos, podemos extraer algunas ideas nítidas que resumen lo esencial:
- El Corán no dice literalmente «la Tierra es una esfera», pero contiene lenguaje coherente con esa realidad, especialmente en Az-Zumar 39:5 con el verbo yukawwir, cuya raíz vincula el enrollamiento del día y la noche con la palabra árabe para bola.
- Los sabios clásicos del islam —Ibn Hazm, Ibn Taymiyya, Al-Ghazali— defendieron abiertamente la esfericidad terrestre, apoyándose tanto en el Corán como en la observación racional. Este era el consenso mayoritario, no una idea marginal.
- La ciencia islámica medieval no solo aceptó la esfericidad, sino que la midió con enorme precisión: Al-Ma’mun en el siglo IX (error menor al 4%) y Al-Biruni en el siglo XI (error inferior al 1%) alcanzaron cotas que Europa no igualaría hasta muchos siglos después.
- Debemos evitar tanto las exageraciones apologéticas (afirmar que el Corán «predijo» todos los descubrimientos científicos) como las negaciones injustas (afirmar que los musulmanes contribuyeron poco). Ambos extremos falsean la historia.
- El auténtico legado del mundo islámico no está en supuestas profecías científicas, sino en haber creado —a través de la Casa de la Sabiduría y de una red intelectual sin precedentes— las condiciones que permitieron a la humanidad avanzar durante siete siglos gloriosos. Es un legado del que todos, musulmanes o no, deberíamos sentirnos herederos y agradecidos. 🌙
Que Allah bendiga a quienes buscan sinceramente el conocimiento, en la fe y en la ciencia, y nos conceda la humildad de aprender de nuestros predecesores sin apropiarnos de méritos que no son nuestros. Amín.