Al-Razi (Rhazes): quién fue el médico persa que describió por primera vez la viruela

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Abu Bakr Al Razi

Respuesta breve: Abu Bakr Muhammad ibn Zakariya al-Razi (Rayy, c. 865 – Rayy, c. 925), conocido en Europa como Rhazes, fue un médico, alquimista y filósofo persa considerado el clínico más agudo de la medicina islámica medieval. Dirigió hospitales en Rayy y Bagdad, escribió más de doscientas obras y firmó el primer relato clínico de la historia que distingue la viruela del sarampión. Sus dos libros mayores, el Kitab al-Hawi y el Kitab al-Mansuri, se estudiaron en las facultades de medicina europeas durante siglos. 🩺

Su influencia fue tan duradera que Chaucer lo incluyó en el prólogo de los Cuentos de Canterbury entre los grandes médicos que su público reconocería, y en mayo de 1970 el boletín de la Organización Mundial de la Salud le dedicó un homenaje por la precisión de sus escritos sobre la viruela.

Ahora bien, alrededor de su figura circulan también datos imprecisos y anécdotas que no resisten una comprobación cronológica. En este artículo hemos procurado separar lo documentado de lo legendario, porque su obra real es lo bastante extraordinaria como para no necesitar adornos.

Quién fue Al-Razi: datos biográficos

Nació en Rayy, ciudad persa situada a unos treinta kilómetros al sur del Teherán actual, en torno al año 865 (251 de la Hégira). Conviene señalar que las fuentes no coinciden por completo: algunas obras de referencia sitúan su nacimiento hacia el 854 y su muerte entre 925 y 935. La datación más aceptada por la mayoría de estudios médicos e históricos es 865-925, y falleció en su ciudad natal.

Una vocación tardía

Un detalle poco conocido de su biografía: Al-Razi no empezó siendo médico, sino músico. En su juventud tocaba el laúd, estudió canto y llegó a compilar una enciclopedia sobre música. También se interesó por la filosofía, la metafísica y la alquimia, disciplina en la que, según una tradición, ya destacaba antes de dedicarse a la medicina.

Su giro profesional llegó cerca de los treinta años, cuando viajó a Bagdad y entró en contacto con el mundo hospitalario. A partir de ese momento consagró su vida a la práctica clínica, movido por un propósito que repetiría en sus escritos: aliviar el sufrimiento humano.

Su carrera hospitalaria

Aquí procede una corrección importante, porque es un error que se repite con frecuencia en artículos divulgativos: Al-Razi no fundó el primer hospital de Bagdad. La ciudad ya contaba con instituciones hospitalarias desde el reinado de Harun al-Rashid, a comienzos del siglo IX, décadas antes de su nacimiento.

Lo que sí hizo, y no es menor, fue dirigir algunos de los hospitales más importantes de su tiempo:

  • Hospital de Rayy: fue su administrador (mutawalli) y médico jefe durante el gobierno de Mansur ibn Ishaq, de la dinastía samánida.
  • Hospital Muqtadiri de Bagdad: su fama llegó a la capital abasí y fue llamado para dirigir el mayor hospital de la ciudad, cargo que ocupó aproximadamente entre los años 902 y 907.

Regresó después a Rayy, donde pasó sus últimos años y donde murió.

La anécdota de los trozos de carne: qué hay de cierto

Es la historia más repetida sobre Al-Razi: cuando le encargaron elegir el emplazamiento de un nuevo hospital en Bagdad, colgó trozos de carne en distintos puntos de la ciudad y recomendó construir donde la carne tardaba más en pudrirse, deduciendo que allí el aire era más salubre.

La anécdota ilustra bien una intuición higienista notable para su época y aparece en numerosas fuentes académicas. Sin embargo, la honestidad obliga a señalar un problema serio con la versión más difundida.

Un problema cronológico

Muchas fuentes, incluidas algunas académicas, afirman que quien le hizo el encargo fue el sultán Adud al-Dawla, para elegir el emplazamiento del Bimaristán al-Adudi.

El inconveniente es evidente en cuanto se comprueban las fechas: el Bimaristán al-Adudi se fundó en el año 981, más de medio siglo después de la muerte de Al-Razi. La atribución, por tanto, es cronológicamente imposible.

Lo más probable es que estemos ante una anécdota tradicional que, con el paso de los siglos, quedó asociada al hospital bagdadí más célebre, aunque originalmente se refiriera a otro edificio o fuera directamente una construcción posterior destinada a ensalzar su perspicacia. Nos parece más útil contarlo así que repetir sin más una versión que no encaja. 🔍

Su aportación más célebre: viruela y sarampión

Si algo consagró a Al-Razi en la historia de la medicina fue su tratado Kitab fi al-yadari wa al-hasba (Libro sobre la viruela y el sarampión), escrito hacia el año 922.

Se trata del primer relato clínico conocido que describe la viruela y la distingue del sarampión como dos enfermedades diferentes. Hasta entonces ambas se confundían habitualmente, y lo llamativo es que los médicos europeos siguieron confundiéndolas durante siglos, pese a disponer de traducciones de esta obra.

En el tratado, Al-Razi detalla:

  • Los síntomas prodrómicos de cada enfermedad y sus diferencias
  • La evolución característica de ambos cuadros
  • Los tratamientos disponibles y los cuidados del paciente
  • La observación de que quien había pasado la viruela no volvía a contraerla, es decir, una descripción temprana de la inmunidad adquirida

La calidad de la descripción fue tal que se ha afirmado que distingue ambas enfermedades con tanta viveza que poco se ha añadido después. El texto se tradujo al latín en 1565 y conoció más de una docena de traducciones a lenguas europeas. El volumen decimoséptimo de su enciclopedia Al-Hawi recoge también sus escritos sobre la viruela.

Una precisión sobre la variolación

Con frecuencia se atribuye a Al-Razi la práctica de la variolación, la inoculación deliberada de material de pústulas para inmunizar. Conviene ser prudente con esta afirmación.

Lo que está sólidamente documentado es que describió la inmunidad adquirida tras superar la enfermedad. Que él mismo practicara sistemáticamente la variolación es una atribución que las fuentes primarias no sostienen con claridad. La variolación como técnica está documentada en China e India, y llegó a Europa desde el Imperio otomano en el siglo XVIII, popularizada a partir de 1721 gracias a Lady Mary Wortley Montagu.

Su mérito, que es enorme, consiste en haber observado y descrito con precisión el fenómeno de la inmunidad, no necesariamente en haber inventado un método para provocarla.

Las grandes obras de Al-Razi

Se le atribuyen más de doscientos libros y tratados sobre medicina, farmacia, filosofía, música y otras disciplinas. Estas son sus obras fundamentales:

Kitab al-Hawi (Liber Continens)

Su obra monumental, conocida en Europa como Liber Continens (El Libro Comprehensivo). Es una enciclopedia médica que recoge y sintetiza el saber griego, sirio, persa, indio y árabe, añadiendo sus propias observaciones clínicas.

Un detalle interesante sobre su composición: no fue publicada por él en vida, sino compilada póstumamente por sus discípulos a partir de sus notas y fichas de trabajo. Eso explica su estructura acumulativa y su enorme extensión, que las fuentes cifran entre veintitrés y veinticinco volúmenes según la edición.

Kitab al-Mansuri (Liber ad Almansorem)

Un manual de medicina general en diez capítulos, dedicado a Mansur ibn Ishaq, gobernador samánida de Rayy, de quien toma el nombre.

Fue traducido al latín en Toledo por Gerardo de Cremona en el siglo XII, en el marco de la gran labor traductora de la Escuela de Traductores toledana, y se convirtió en uno de los manuales médicos más leídos de la Europa medieval. Su noveno capítulo, dedicado a la terapéutica, alcanzó tal popularidad que circuló como obra independiente bajo el título Nonus Almansoris. Durante el Renacimiento se imprimieron varias ediciones comentadas por médicos destacados de la época.

Otras obras destacadas

  • Practica Puerorum: considerada la primera monografía de pediatría de la historia, lo que le ha valido el título de padre de esta especialidad.
  • Kitab al-Tibb ar-Ruhani (Libro de la medicina espiritual): dedicado a la salud del alma y las pasiones, un precedente notable de la psicología moral.
  • Kitab Bur al-Saa (Curación en una hora): breve ensayo sobre dolencias que, según él, podían aliviarse con rapidez, como cefaleas, dolor de muelas, cólicos o picores.
  • Para quien no tiene médico, también conocido como La medicina de los pobres: un manual práctico escrito expresamente para quienes no podían costear atención médica.
  • Un médico no puede tratar todas las enfermedades: alegato temprano a favor de la especialización médica.

Ese último grupo de títulos revela una faceta muy característica de Al-Razi: fue extraordinariamente generoso con los pacientes sin recursos y no dejó de insistir en que un buen médico debe querer y ayudar a quien trata.

Otras aportaciones médicas y científicas

Historias clínicas

Al-Razi fue pionero en la práctica de registrar el historial de cada paciente, con independencia de su origen o condición social. Sus notas clínicas, que sus discípulos aprovecharían después para componer el Al-Hawi, constituyen uno de los primeros ejemplos sistemáticos de observación clínica documentada.

Cirugía y materiales

  • Describió un instrumento para extraer cuerpos extraños de la faringe.
  • Fue de los primeros en emplear algodón para vendajes.
  • Utilizó hilo de tripa de cordero (el precursor del catgut) para suturar heridas abdominales.
  • Introdujo el uso del yeso para inmovilizar extremidades fracturadas.

Farmacología experimental

Su formación química le permitió formular medicamentos y ensayar sus efectos en animales, especialmente monos, antes de administrarlos a personas. Es un antecedente remoto pero reconocible del ensayo preclínico, y una muestra de su enfoque experimental.

Salud mental

Un aspecto poco divulgado: se le atribuye la creación de una de las primeras salas hospitalarias dedicadas a pacientes con trastornos mentales, en un tiempo en que la locura solía atribuirse a causas sobrenaturales. Su Libro de la medicina espiritual aborda las pasiones del alma desde una perspectiva racional y terapéutica.

Higiene y cuidado infantil

Sus escritos dedican atención considerable a la higiene y al cuidado de los niños enfermos. Recomendaba, entre otras cosas, atender la boca y la garganta enjuagándolas con agua acidulada y limpiar cuidadosamente los ojos.

Química

En el terreno de la alquimia y la química, Al-Razi clasificó las sustancias que conocía en categorías (minerales, vegetales, animales y derivados), un esfuerzo sistematizador que se ha señalado como precedente lejano de las clasificaciones químicas modernas. También describió aparatos y procedimientos de laboratorio con notable detalle.

Su huella en Europa

La influencia de Al-Razi en Occidente fue profunda y prolongada. Sus obras, traducidas al latín principalmente en Toledo, se convirtieron en manuales de referencia en las facultades de medicina europeas durante siglos.

Dos testimonios ilustran ese prestigio. El primero, literario: Geoffrey Chaucer lo menciona en el prólogo de los Cuentos de Canterbury, dentro de la lista de médicos ilustres que su público reconocería sin necesidad de explicación.

El segundo, una frase atribuida al médico europeo De Poure que resume con elegancia la cadena de transmisión del saber médico:

«La medicina estuvo ausente hasta que Hipócrates la creó, muerta hasta que Galeno la revivió, dispersa hasta que Rhazes la reunió, incompleta hasta que Avicena la culminó».

Se le ha llamado el Galeno árabe, el padre de la pediatría y el mayor médico del periodo medieval. En mayo de 1970, el boletín de la Organización Mundial de la Salud le rindió homenaje destacando la originalidad y exactitud de sus escritos sobre la viruela y el sarampión, y calificando su ensayo sobre enfermedades infecciosas como el primer tratado científico sobre la materia. 🌍

Preguntas frecuentes sobre Al-Razi

¿Qué diferencia hay entre Al-Razi y Avicena?

Son los dos grandes nombres de la medicina islámica, pero pertenecen a generaciones distintas y tuvieron perfiles muy diferentes. Al-Razi (c. 865-925) fue ante todo un clínico y observador: su fuerza estaba en la descripción minuciosa de casos reales, el registro de historias clínicas y la experimentación. Avicena o Ibn Sina (c. 980-1037), nacido más de medio siglo después de la muerte de Al-Razi, fue sobre todo un sistematizador y filósofo: su Canon de Medicina organizó todo el saber médico en un edificio teórico coherente. La frase atribuida a De Poure lo resume bien al decir que la medicina estaba dispersa hasta que Rhazes la reunió e incompleta hasta que Avicena la culminó. Ambos coincidieron en algo importante: sus obras se tradujeron al latín y se estudiaron en las universidades europeas durante siglos. Curiosamente, Avicena fue crítico con algunos planteamientos filosóficos de Al-Razi, especialmente con sus posiciones metafísicas más heterodoxas.

¿Qué es un bimaristán y en qué se diferenciaba de un hospital actual?

El término bimaristán procede del persa y significa literalmente «lugar de enfermos». Designaba a los hospitales del mundo islámico medieval, instituciones notablemente avanzadas para su tiempo. Sus rasgos característicos eran: atención gratuita y universal, sin distinción de religión, origen o capacidad económica; separación por salas según el tipo de dolencia, incluidas secciones para enfermos mentales; presencia de farmacia propia y de biblioteca; función docente, ya que los médicos jóvenes se formaban junto a los veteranos atendiendo pacientes reales; y financiación mediante waqf o fundaciones piadosas, lo que garantizaba su sostenimiento. Los bimaristanes influyeron en la concepción del hospital europeo posterior. Al-Razi dirigió al menos dos, el de Rayy y el Muqtadiri de Bagdad, y su experiencia en ellos alimentó buena parte de su obra clínica.

¿Por qué en Europa se le llamaba Rhazes?

Rhazes es la latinización de al-Razi, que en árabe significa simplemente «el de Rayy», es decir, el originario de esa ciudad persa. Los traductores medievales adaptaban los nombres árabes a la fonética y la morfología latinas, lo que dio lugar a formas como Rhazes, Rasis o Razes. Este fenómeno fue generalizado: Ibn Sina se convirtió en Avicena, Ibn Rushd en Averroes, Ibn Zuhr en Avenzoar, Ibn Maymun en Maimónides y Al-Juarismi en Algoritmi, palabra de la que procede «algoritmo». La razón práctica era doble: facilitar la pronunciación a los lectores europeos y permitir que los nombres se declinaran según la gramática latina. Un efecto colateral de estas latinizaciones fue que, durante siglos, muchos lectores europeos no asociaron a estos autores con su origen árabe o persa, lo que contribuyó a difuminar la deuda intelectual de Europa con el mundo islámico.

¿Qué papel tuvo la Escuela de Traductores de Toledo en la difusión de su obra?

Un papel decisivo. Tras la conquista de Toledo en 1085, la ciudad conservó una extraordinaria riqueza de manuscritos árabes y una población que dominaba el árabe, el hebreo, el latín y el romance. Durante los siglos XII y XIII se desarrolló allí una intensa actividad traductora que puso a disposición de Europa el saber científico y filosófico acumulado en el mundo islámico. Gerardo de Cremona (c. 1114-1187), el traductor más prolífico de aquel entorno, con más de setenta obras vertidas al latín, fue quien tradujo el Kitab al-Mansuri de Al-Razi como Liber ad Almansorem. Gracias a ese trabajo, un manual escrito en Persia en el siglo X acabó estudiándose en Montpellier, Bolonia o París. Es un buen ejemplo de cómo la península ibérica funcionó como puente cultural entre el mundo islámico y la Europa cristiana, un capítulo de la historia científica española que merece más difusión de la que suele recibir.

¿Qué otros médicos destacados dio la medicina islámica medieval?

Al-Razi forma parte de una generación extraordinaria. Entre las figuras más relevantes destacan: Abulcasis o Al-Zahrawi (c. 936-1013), nacido en Medina Azahara, cerca de Córdoba, considerado el padre de la cirugía moderna y autor del Kitab al-Tasrif, que incluye el catálogo ilustrado de instrumentos quirúrgicos más completo de su tiempo; Avicena o Ibn Sina (c. 980-1037), autor del Canon de Medicina; Ibn al-Nafis (1213-1288), que describió la circulación pulmonar tres siglos antes que Miguel Servet y William Harvey; Avenzoar o Ibn Zuhr (c. 1094-1162), sevillano, pionero de la medicina experimental y las autopsias; y Maimónides (1138-1204), cordobés y médico del sultán Saladino. Resulta llamativo cuántos de ellos nacieron en Al-Ándalus, lo que da idea del papel que la península desempeñó en la ciencia medieval.

¿Dónde se conservan los manuscritos de Al-Razi hoy?

Los manuscritos de sus obras se reparten por bibliotecas de todo el mundo. Fondos destacados se conservan en la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, en Bethesda, que posee una relevante colección de manuscritos médicos islámicos; en la Biblioteca Bodleiana de Oxford; en la Biblioteca Nacional de Francia; en la Biblioteca Apostólica Vaticana; y en diversas instituciones de Irán, Turquía y Egipto. En España, la Biblioteca de El Escorial alberga una de las colecciones de manuscritos árabes más importantes de Europa, procedente en buena parte del botín capturado a un sultán marroquí en el siglo XVII. Muchas de estas colecciones se han digitalizado en los últimos años y son consultables en línea. Buena parte de la obra de Al-Razi, no obstante, se conoce solo indirectamente: de los más de doscientos títulos que se le atribuyen, un número considerable se ha perdido y solo tenemos noticia de ellos por menciones en catálogos y obras posteriores.

Fuenteislam.ru
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