
China, tradicionalmente conocida como la «fábrica del mundo», se está consolidando como líder en la economía halal. Inicialmente centrada en satisfacer las necesidades de su población musulmana, estimada en unos 25 millones de personas, su industria halal se ha abierto gradualmente a los mercados internacionales, impulsada por el auge del comercio electrónico y la creciente demanda de los consumidores musulmanes en todo el mundo. Según datos citados por el South China Morning Post, en 2023, China fue el principal exportador a los Estados miembros de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI), con exportaciones superiores a los 32.000 millones de dólares. Estas exportaciones ya no se limitan a alimentos, sino que también incluyen cosméticos, productos farmacéuticos, ropa y otros sectores relacionados con la economía halal.
Este crecimiento se basa en varias fortalezas: una sólida capacidad de producción, precios competitivos, una infraestructura logística eficiente y extensas redes comerciales que se extienden hasta Oriente Medio, Asia Central y el Sudeste Asiático. Las autoridades chinas también han integrado el desarrollo del comercio halal en ciertas rutas comerciales dentro de su Iniciativa de la Franja y la Ruta. Además de los productos alimenticios, China también está invirtiendo en el mercado de la moda islámica. La demanda mundial de hiyabs, abayas y otras prendas que cumplen con los códigos de vestimenta musulmanes está abriendo nuevas oportunidades para los fabricantes chinos que buscan satisfacer a una clientela en rápido crecimiento.
A pesar de este auge del mercado, se necesita mejorar el reconocimiento internacional de las certificaciones halal chinas. Este es un reto que Pekín deberá superar para consolidar su posición en un mercado global con un gran potencial de crecimiento en los próximos años.


























