
La comunidad musulmana es un pilar fundamental en el tejido social de Ceuta. Se calcula que de los casi 84.000 habitantes de la ciudad autónoma, más de 31.000 son españoles que profesan el Islam. Y junto a cristianos, judíos e hindúes integran el modelo de convivencia cohesionada y diversa de la llamada «ciudad de las cuatro culturas». Pero desde la entrada irregular de miles de personas procedentes de Marruecos a finales de julio, la tensión está al límite: algunos ceutíes han sido víctimas de acoso al ser confundidos con migrantes.
«La niña ha venido a la manifestación en apoyo a lo que estamos viviendo todos en la tierra y saltó una señora y un caballero y por el tono de piel, porque es muy morena, le han pedido el DNI, aunque no son autoridad, y le han llamado «¡invasora!». Así lo explica Fátima, tía de la menor, a RTVE Noticias tras encontrárnosla muy disgustada explicando la situación a un grupo de personas tras participar en una de las muchas movilizaciones vecinales en las que se exige soluciones a la crisis migratoria.
Cuenta que la menor, de 13 años, es la quinta generación de españoles en su familia y es «medio musulmana, medio cristiana» por el origen vasco de su padre. «Parece que tenemos que reivindicar constantemente nuestra españolidad e ir con un DNI en la frente. Luego se nos dice que por qué no acudimos a las manifestaciones, ¡pero es que es imposible acudir porque tenemos que estar constantemente diciendo lo que somos!», remarca.
«Somos caballas -gentilicio popular de los ceutíes-, españoles, a mucha honra, y defendemos nuestra tierra. Lo que no podemos ya es sufrir este acoso, esta violencia verbal», asevera. «Esto se va a denunciar, esto no se va a quedar así, porque esto es un delito de odio», concluye.
Al caso de la niña se suman otros. Este mismo lunes, según El Faro de Ceuta, un hombre ha asegurado que otros dos le han increpado y señalado como uno de los miles de marroquíes irregulares que permanecen en la ciudad desde hace más de un mes, pese a tener DNI español. Un confuso episodio que tiene diversas versiones.
Asimismo, el 17 de agosto un periodista ceutí fue agredido cuando cubría una protesta. En un video grabado con teléfono móvil se ve a un hombre que se dirige a él y le da un manotazo que hace que el dispositivo con el que estaba grabando se cayera al suelo. «¡Que soy de Ceuta, imbécil!», acierta a decir el joven comunicador en medio del estupor de otros vecinos y compañeros de prensa. «Eso es lo que estamos viviendo aquí, así está la gente aquí en Ceuta», se escucha decir a una mujer.
En el video se ve también, cómo, cuando el agresor parece darse cuenta de que el chico -empleado del diario El Pueblo de Ceuta- no era un inmigrante, le pide disculpas y trata de darle la mano.
«Como no haya soluciones, esto va a ir a más, va a ir a más. Y van a pasar desgracias. Por eso queremos soluciones ya, tanto para ellos (los migrantes) como para nosotros, porque ellos también son víctimas», explica a RTVE Noticias Fatiha Abdel-lah, secretaria de la asociación de vecinos del barrio El Príncipe Alfonso, el que tiene mayor concentración de población musulmana en Ceuta. En su día a día, la mujer está tomando decisiones orientadas a evitar posibles problemas.
Por ejemplo, evitó ir a la multitudinaria manifestación en Ceuta del pasado miércoles, que se celebró a la par que en otras ciudades de España en señal de apoyo al pueblo ceutí y en la que el presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas, aseveró que Ceuta se defiende «con todos los ceutíes juntos y unidos, vivan donde vivan, piensen como piensen, recen como recen, se llamen como se llamen».
«No fui porque sé que siempre va a haber alguien que la va a estropear, entonces prefiero mantenerme al margen, porque sé que no voy a soportar que me insulten como musulmana, porque yo soy ceutí, soy caballa de nacimiento. Esta es mi tierra, la quiero defender, pero soy de religión musulmana y no voy a permitir que alguien insulte a los musulmanes, porque ya me está insultando a mí».
Al lado de Fatiha está Lidia, vecina de la barriada del Príncipe Felipe, que pertenece al mismo barrio. «Es verdad que por nuestro color de piel, somos de origen marroquí y nos confunden… Que no tienen por qué confundirnos y no tienen por qué agredir ni a nosotros ni a ellos», subraya.
Hablamos con ambas pocos minutos antes de que empiece una protesta que va a recorrer algunos de los barrios de la periferia de Ceuta, los más castigados por la crisis, con miles de migrantes irregulares deambulando o durmiendo por sus calles.

























