Islam y ecología

El primer representante del pensamiento ecológico en el Islam es Sayyed Hossein Nasr, un filósofo nacido en Irán que enseña ciencias islámicas en la Universidad George Washington. Sus libros “El hombre y la naturaleza”, “La crisis espiritual del hombre moderno” (1967) y “Religión y el orden de la naturaleza” (1996) serían una respuesta directa a las tesis de Lynn Townsend White Jr. Este último había identificado la cosmovisión judeocristiana afirmando que el hombre, creado a imagen de Dios, está llamado a dominar la naturaleza. Para Sayyed Hossein Nasr, sin embargo, la naturaleza es sagrada y la ciencia moderna no debe posicionar al hombre por encima de su entorno natural.

Hay que citar también a Ibrahim Abdul Matin, autor de “El Din Verde: Lo que el Islam enseña sobre la protección del planeta” (2010), que establece un vínculo entre esta nueva ética ambiental islámica y el compromiso ecologista al retomar la tradición profética de que toda la tierra es una mezquita y, por lo tanto, debe protegerse.

También hay que citar a Faraz Khan, autor de “Conferencias sobre islam y el medio ambiente” (2010), quien presenta los siguientes seis principios éticos a favor de la ecología islámica: la Unidad de Dios y su Creación (tauhid), los signos de Dios en la naturaleza (ayat), el hombre como administrador de la tierra (jalifa), la confianza de Dios puesta en el hombre (amana), la búsqueda de la justicia en todo (‘adl) y el equilibrio de toda la creación (mizan).

En su obra “Señales sobre la Tierra: Islam, Modernidad y Crisis Climática” (2019), Fazlun Khalid profundiza en estas reflexiones considerando en particular los siguientes cuatro elementos de la ciencia coránica de la creación (ilm al jalq):

• Tauhid: la Unidad de Dios y la unidad de toda su creación, siendo el hombre intrínsecamente parte de ella. Todo lo que existe en los cielos y en la tierra le pertenece a Dios. (Corán, 4: 126). Todo está interconectado, es interdependiente y forma parte de una unidad. Somos parte de algo que es mucho más grande que nosotros.

• Fitra: la naturaleza original de la creación, el estado natural del hombre en armonía con la naturaleza, el estado puro (Corán 30:30). Hay algo en nosotros que, naturalmente, nos atrae hacia lo trascendente. Queremos saber cuál es el significado más profundo de la existencia.

• Mizan: el equilibrio armonioso y perfecto de todos los componentes de la creación. “El Sol y la Luna se mueven con precisión y la hierba y el árbol se prosternan ante Él. Él ha elevado el cielo y ha establecido el Mizan”. (Corán 55:5-7). Alterar este equilibrio es alterar la creación.

• Jalifa: La responsabilidad de los humanos en el triángulo: Dios, Creación, Hombre. Todos los humanos son protectores de la Creación y, por lo tanto, jalifas (Corán 6: 165). No es un título que pertenece a un solo gobernante-legislador. Esta responsabilidad recae sobre todos los humanos (Corán 33:72). Son los guardianes de la creación y el orden natural; los jardineros de la Creación, como dijo recientemente el sociólogo Michel Maxime Egger. Es una responsabilidad mucho más que un derecho.

La naturaleza es omnipresente en la lectura del Corán. Una gran parte de las suras tienen nombres de la naturaleza: vacas, truenos, abejas, luz, hormigas, amanecer y otros.

En varias ocasiones, los animales y los humanos son tratados en pie de igualdad: “No existe animal en la Tierra ni ave que vuele con sus dos alas que no forme comunidades como las vuestras. No hemos omitido nada en la Escritura (Sagrada). Luego, serán congregados hacia su Señor”. (Corán 6:38). “Y la hierba y el árbol se prosternan ante Él”. (55:6). Y “los siete cielos y la Tierra y quienes en ellos están Le glorifican y no hay cosa alguna que no le glorifique con su forma de glorificar, pero vosotros no comprendéis sus glorificaciones”. (17:44).

Dios es hermoso y ama la belleza, según una tradición profética, y el Corán nos recuerda repetidamente la belleza de la naturaleza: vegetación, jardines, montañas, frutas y plantas. Todo ello puede llevarnos a considerar que la protección del medio ambiente es una obligación religiosa (ibada) que cada musulmán debe llevar a cabo.

“En verdad, en la diferencia de la noche y el día y en lo que Dios creó en los cielos y en la Tierra hay señales para una gente que es temerosa”. (10:6). La palabra árabe para describir estas señales en la naturaleza es ayat, el mismo término que se usa para designar las aleyas escritas del Corán.

Por lo tanto, se considera que la naturaleza es un libro explícito escrito con ayat al igual que el Corán. Dios nos invita a leer este libro de la naturaleza, a entenderlo, al igual que el Corán. Contemplar la naturaleza sería como leer el Corán. Algunos pensadores hablan de la naturaleza como el Corán cósmico (takwini), que se agrega al Corán escrito (tadwini).

En cuanto al Corán escrito, los musulmanes están acostumbrados a no tocarlo sin abluciones, tenemos cuidado de dónde y cómo lo colocamos, lo situamos en el mejor y más hermoso lugar de la casa. Así que prestemos la misma atención al Corán Cósmico, a la naturaleza. Tirar basura al suelo sería como arrancar una página del Corán escrito, y desperdiciar una comida o maltratar a un animal sería como quemar un Corán, algo, por lo tanto, inadmisible. Debemos repensar nuestra relación con la naturaleza y los vivos, debemos releer el Corán Cósmico. La crisis ecológica es, por lo tanto, también y, sobre todo, una crisis de conciencia y, por lo tanto, espiritual.

Según un hadiz reportado por Muslim, “si uno de vosotros ve un mal que lo cambie con su mano (acción benéfica). Si no puede hacerlo, que lo haga con su lengua (acción intelectual), y si no puede hacerlo, que lo haga con su corazón (adhesión emocional) y este es el mínimo de la fe”.

En consecuencia, necesitamos una ecología islámica de transformación, una transformación que debe tener lugar en tres niveles:

• El individuo y su relación con la naturaleza y, por lo tanto, consigo mismo.

• La interpretación intelectual de la vía islámica y sus fuentes.

• El cambio de la sociedad, la política y la economía a través de acciones benéficas.

No olvidemos una última enseñanza profética que especifica que el hombre debería, incluso al ver llegar el Día de la Resurrección, plantar un brote.