Respuesta breve: Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832), el mayor escritor en lengua alemana de todos los tiempos, mantuvo una relación profunda y sostenida con el islam durante sesenta años de su vida. Estudió árabe, copió versículos del Corán, escribió el poema Mahomets Gesang en honor al Profeta Muhammad, presenció una oración musulmana en Weimar en 1814 y llegó a declarar en varias cartas privadas su cercanía personal al islam. En una carta a su amigo Zelter, fechada el 20 de septiembre de 1820, dejó una frase que aún genera debate: «Trato de permanecer en el islam». 🕊️
Ahora bien, ¿significa esto que Goethe fue musulmán en el sentido formal? La respuesta honesta es más matizada, y precisamente por eso hemos elaborado esta guía. En las siguientes secciones repasaremos los hechos verificados con precisión de fechas y fuentes —cartas del Weimarer Ausgabe (WA), la edición canónica de Weimar—, las obras clave como el West-östlicher Divan, y el debate académico sobre su posible conversión. Nuestro objetivo es que salgas de este artículo con una comprensión rigurosa, sin exageraciones ni negacionismos, de una de las relaciones interculturales más apasionantes de la historia literaria europea.
Quién fue Goethe y por qué su relación con el islam es tan significativa
Antes de entrar en detalles, conviene situarnos. Johann Wolfgang von Goethe (Frankfurt, 1749 — Weimar, 1832) fue poeta, novelista, dramaturgo, científico y estadista alemán. Autor de obras como Fausto, Las penas del joven Werther o Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister, se le considera una de las figuras cumbres de la literatura universal. Su influencia fue tan grande que el organismo oficial encargado de difundir la cultura y el idioma alemán en el mundo lleva su nombre: el Goethe-Institut.
¿Por qué es tan significativo que un intelectual de esta magnitud —crecido en el luteranismo, embajador de la Ilustración europea y símbolo del clasicismo alemán— dedicara buena parte de su vida al estudio del islam? Desde nuestra experiencia analizando estas cuestiones, identificamos tres razones fundamentales:
- Autoridad cultural: Goethe no era un aventurero exótico ni un romántico marginal. Su interés por el islam legitimó académicamente el estudio de las culturas islámicas en la Alemania del siglo XIX.
- Profundidad temporal: No fue una moda pasajera. Su relación con el islam abarcó desde los 23 años (cuando escribió Mahomets Gesang) hasta poco antes de morir a los 82. Sesenta años ininterrumpidos de estudio, admiración y diálogo.
- Impacto posterior: Sin la obra de Goethe, difícilmente habrían surgido después figuras como Friedrich Rückert, Hermann Hesse o Annemarie Schimmel, que profundizaron mucho más en el diálogo entre Occidente y el mundo islámico.
Los primeros contactos: «Mahomets Gesang» (1772-1773) 🌊
La fascinación de Goethe por el islam no empezó en su madurez, como a veces se afirma, sino desde muy joven. Con apenas 23 años, siguiendo los consejos de su amigo el filósofo y teólogo Johann Gottfried Herder, comenzó a leer el Corán y a redactar una síntesis alemana del texto sagrado en once versículos (Koran-Auszüge).
De ese primer entusiasmo nació Mahomets Gesang («Canto de Mahoma»), un poema de 72 versos escrito entre 1772 y 1773 en alabanza al Profeta Muhammad. Estaba destinado a formar parte de un drama más amplio titulado Mahomet, que Goethe nunca llegó a terminar. En este poema, uno de los grandes Jugendhymnen (himnos juveniles) de Goethe, el Profeta aparece representado mediante la metáfora de un arroyo que crece hasta convertirse en río caudaloso y desemboca en el océano. Es decir, un mensaje espiritual que arrastra consigo a toda la humanidad hacia lo Divino.
Estos manuscritos tempranos, correspondientes a los años 1771-1772, se conservan hoy en el Archivo Goethe y Schiller de Weimar, y demuestran que su interés por el islam no fue un capricho tardío, sino una fascinación de toda la vida.
El manuscrito coránico del otoño de 1813 🕌
Cuatro décadas después de aquel primer contacto, en el otoño de 1813, ocurrió un episodio que Goethe interpretó como providencial. Un soldado alemán que regresaba de la campaña napoleónica en España le entregó un viejo manuscrito árabe procedente de Al-Ándalus. Aquel documento contenía la última sura del Corán: la sura 114, «An-Nas» (Los Hombres).
El propio Goethe consideró que no fue una simple coincidencia. Estimulado por el hallazgo, intentó copiar el manuscrito con la ayuda de los profesores de estudios orientales de Jena, que le auxiliaron con la traducción del contenido. Este episodio fue, según los especialistas, uno de los detonantes que reavivó de forma decisiva su interés por el islam en la última etapa de su vida.
Los bashkires musulmanes en Weimar (enero de 1814): un episodio revelador
Solo unos meses después, en enero de 1814, un grupo de musulmanes bashkires —soldados del ejército del zar Alejandro I de Rusia que participaban en la coalición contra Napoleón— se instaló temporalmente en Weimar, la ciudad de Goethe. Estos bashkires, un pueblo de origen turco-mongol que profesa el islam suní desde el siglo X, necesitaban un lugar donde realizar sus oraciones y utilizaron el auditorio del gimnasio protestante local como mezquita improvisada.
Goethe asistió personalmente al servicio religioso islámico. Lo que allí vivió le impactó profundamente, hasta el punto de dedicarle una carta a su amigo Friedrich Wilhelm Heinrich von Trebra, escrita el 5 de enero de 1814 (referenciada en la Weimarer Ausgabe IV, 24, 91). Reproducimos aquí las palabras exactas de Goethe:
«Hablando de profecías, tengo que decirte que hay cosas que están ocurriendo en estos días que ni a un profeta le hubieran permitido decir. ¿Quién habría podido afirmar hace unos años que iba a haber un servicio religioso musulmán y que algunas suras del Corán iban a ser recitadas en el auditorio de nuestro instituto protestante? Sin embargo, esto ha ocurrido, y acudimos a la oración de los bashkires, vimos a su mulá y recibimos a su príncipe en el teatro. Yo fui obsequiado, como favor especial, con un arco y unas flechas que, en eterno recuerdo, colgaré sobre mi chimenea tan pronto como Dios decrete un feliz retorno para ellos».
Solo doce días después, en otra carta enviada a su hijo August el 17 de enero de 1814 (WA IV, 24, 110), añadió un detalle revelador: «Varias señoras devotas de nuestro círculo han pedido en la biblioteca la traducción del Corán». La curiosidad por el islam, según registra Goethe, se había extendido incluso entre las damas religiosas de Weimar.
Los estudios árabes de Goethe en Jena (1814-1815) 📖
El impacto de aquellos meses aceleró notablemente los estudios orientales de Goethe. Entre 1814 y 1815, con 65 años cumplidos, se puso a estudiar sistemáticamente la lengua y la literatura árabes bajo la dirección de tres reputados orientalistas de la Universidad de Jena:
- Heinrich Eberhard Gottlob Paulus (1761-1851), teólogo y orientalista racionalista.
- Georg Wilhelm Lorsbach (1752-1816), especialista en árabe clásico.
- Johann Gottfried Ludwig Kosegarten (1792-1860), pionero de los estudios semíticos alemanes.
Con ellos, Goethe copió a mano fragmentos coránicos y súplicas islámicas (duas), estudió gramáticas árabes, libros de viajeros europeos por Arabia (los pioneros Michaelis y Niebuhr), poesía, tafsir del Corán, antologías y libros de sīra (biografía del Profeta Muhammad). En una carta al político y jurista Christoph Friedrich Ludwig Schlosser, fechada el 23 de enero de 1815, dejó una valoración lingüística que solo puede formular quien lo ha estudiado en profundidad:
«En ningún otro idioma el espíritu y la letra están plasmados de una forma tan primordial».
Además, Goethe adquirió manuscritos árabes originales del sultán otomano Selim: obras de Rumi, Jami, Hafez, Saadi, Attar, tafsires del Corán, colecciones de duas, un diccionario árabe-turco y textos jurídicos sobre la manumisión de esclavos, la compraventa y la usura. Su biblioteca personal, en definitiva, se había convertido en un pequeño seminario islámico.
Las citas más famosas de Goethe sobre el islam
Aquí llegamos al corazón del debate. Recogemos y contextualizamos, en orden cronológico, las declaraciones documentadas más impactantes de Goethe sobre el islam. Todas están referenciadas en la Weimarer Ausgabe, la edición canónica de sus obras completas.
1816: «El poeta no rechaza la sospecha de ser musulmán»
El 24 de febrero de 1816, Goethe publicó una nota escrita en tercera persona sobre sí mismo (WA I, 41, 86):
«El poeta [Goethe]… no rechaza la sospecha de que él mismo sea musulmán».
Frase de una diplomacia calculada: no lo afirma, pero tampoco lo niega. En un contexto luterano tan estricto como la Alemania del siglo XIX, semejante declaración pública ya era llamativa.
1820: «Trato de permanecer en el islam»
La cita más discutida aparece en una carta al compositor y amigo íntimo Karl Friedrich Zelter, fechada el 20 de septiembre de 1820:
«No puedo decirte más que esto: trato de permanecer en el islam».
La formulación es ambigua. Podría entenderse como (a) una adhesión religiosa personal en sentido estricto, (b) una fidelidad al ideal de sumisión (islām) a Dios en sentido amplio, o (c) una postura estética-espiritual de coherencia con los principios que había estudiado. La mayoría de goethianos actuales, como veremos, se inclinan por la lectura (b), pero la ambigüedad es innegable.
La cita del «Divan»: todos vivimos y morimos en el islam
En el West-östlicher Divan, publicado en 1819, Goethe escribió una de sus frases más citadas:
«Es una necedad que cada cual, en su caso, ensalce su opinión particular. Si el islam significa sumisión a Dios, todos vivimos y morimos en el islam».
Aquí Goethe juega con el significado etimológico de la palabra islam (إسلام), que literalmente significa sumisión o entrega a Dios. Para él, en este pasaje, el islam es antes que nada una actitud espiritual universal antes que una etiqueta confesional. Es una lectura amplia, coherente con su universalismo ilustrado y romántico.
El «West-östlicher Divan» (1819): la obra cumbre del diálogo
Si tuviéramos que elegir una sola obra que sintetice el diálogo de Goethe con el islam, sería sin duda el West-östlicher Divan («Diván de Occidente y Oriente»), publicado por primera vez en 1819 y ampliado en 1827 con 43 poemas nuevos. Se trata de la última gran colección poética de Goethe, escrita entre sus 65 y 70 años.
La obra fue directamente inspirada por la lectura, en mayo de 1814, de la traducción alemana del Diván del poeta persa Shams al-Din Muhammad Hafez (1315-1390), realizada por el orientalista austriaco Joseph von Hammer-Purgstall (1774-1856). Goethe quedó tan impresionado que decidió responder poéticamente con una obra propia que dialogara con Hafez desde la lengua alemana.
El Divan se compone de doce libros con nombres persas, entre ellos:
- Buch des Sängers (Libro del Cantor)
- Buch Hafis (Libro de Hafez)
- Buch der Liebe (Libro del Amor)
- Buch des Timur (Libro de Tamerlán)
- Buch Suleika (Libro de Zuleika)
- Buch der Sprüche (Libro de las Sentencias)
- Buch des Paradieses (Libro del Paraíso)
A lo largo de sus más de 250 poemas, Goethe entreteje citas del Corán, referencias a hadices, alusiones a la sīra del Profeta y descripciones de la piedad musulmana. En el famoso poema Talismán, por ejemplo, se inspira directamente en la sura Al-Baqarah 2:115:
«De Allah es el Oriente y el Occidente. A dondequiera que os volváis, allí está el rostro de Allah».
Es también en el Divan donde Goethe afirma la Unidad divina, refuta la divinidad de Jesús y elogia el papel espiritual del recuerdo de Al·lah (dhikr) en el sufismo. Se trata, sin duda, del testimonio poético más profundo del diálogo entre un genio literario europeo y el islam.
La influencia sufí: Hafez, Rumi y Saadi
Cuando Goethe hablaba del islam, no lo hacía únicamente desde una lectura literalista del Corán. Su lectura estaba profundamente teñida por el sufismo persa clásico, especialmente por tres grandes poetas místicos:
Shams al-Din Muhammad Hafez (1315-1390)
El poeta de Shiraz fue, sin duda, la gran influencia. Goethe le dedicó un libro entero del Divan y llegó a considerarlo su hermano gemelo más allá de los siglos y las culturas. La lectura del Diván de Hafez en la traducción de Hammer-Purgstall fue, literalmente, el estímulo directo de la obra cumbre goethiana. En palabras del propio Goethe:
«Sus poemas, en su conjunto, me impresionaron tanto que comprendí que yo también tenía que ser productivo en respuesta».
Yalal ad-Din Rumi (1207-1273)
El maestro sufí de Konya, autor del monumental Mathnawi, aparece explícitamente en el Divan. Goethe reconoce la importancia del dhikr (recuerdo de Allah) y describe el tasbih (rosario musulmán) con notable precisión: «El rosario musulmán, por medio del cual Al·lah es glorificado por sus 99 Atributos, es una letanía de alabanzas. La afirmación de estos Atributos aproxima al Ser inabarcable. El adorador se encuentra entonces atónito, sometido y calmado» (WA I, 7, 59).
Muslih ad-Din Saadi Shirazi (1210-1291/2)
Del gran moralista persa, Goethe adoptó especialmente la metáfora del «vuelo hacia la luz»: la vida del creyente como un viaje espiritual hacia el Amado divino, coronado por la muerte física como un tránsito luminoso. Esta imagen inspiró directamente uno de los poemas más bellos del Divan: Selige Sehnsucht («El anhelo del gozo»), donde una mariposa se lanza a la llama del amor divino.
La crítica al dogma cristiano y el aprecio por la Unidad de Dios
Un aspecto que a menudo se pasa por alto —pero que es fundamental para entender la simpatía de Goethe hacia el islam— es su fuerte rechazo hacia varios dogmas centrales del cristianismo institucional, especialmente el católico. Poco antes de su muerte, en una conversación con su secretario Johann Peter Eckermann fechada el 11 de marzo de 1832, Goethe declaró sin rodeos: «Hay muchas tonterías en la doctrina de la Iglesia».
En el Divan, refuta explícitamente el dogma de la divinidad de Jesús y afirma la Unidad estricta de Dios (Tawhid), tan central en el islam:
«Jesús se sintió puro y reflexionó únicamente sobre el Dios Único. Quien le hizo ser un dios ofende su sagrada voluntad. Y, de este modo, la verdad tiene que resplandecer, tal y como Muhammad también logró hacer: por medio solo del nombre del Uno, él gobernó todo el mundo».
Por otra parte, en el poema Los Siete Durmientes del Divan, Goethe se refiere a Jesús como Profeta, exactamente en los términos en que lo hace el islam: «Éfeso durante muchos años honra las enseñanzas del Profeta Jesús» (WA I, 6, 269).
Esta triple sintonía teológica —crítica a los dogmas cristianos, afirmación del monoteísmo estricto y consideración de Jesús como profeta— explica en gran parte por qué el islam le resultaba congruente con su propia visión espiritual madura.
¿Se convirtió realmente Goethe al islam? El debate académico
Llegamos así a la pregunta que probablemente te ha traído hasta este artículo. La honestidad nos obliga a exponer las dos posturas académicas vigentes, sin decantarnos por una respuesta simplista.
Postura A: Goethe fue, en algún sentido real, musulmán
Esta posición, defendida por autores como Katharina Mommsen —la mayor especialista mundial en la relación entre Goethe y el islam, autora de la obra de referencia Goethe und der Islam—, subraya que:
- Goethe declaró explícitamente su afinidad con el islam en cartas y textos publicados.
- Mantuvo esta actitud durante casi sesenta años, no fue un capricho.
- Adoptó posiciones teológicas fundamentales del islam (Tawhid, negación de la divinidad de Jesús, Jesús como profeta).
- Manifestó una identificación emocional profunda difícil de explicar como mera curiosidad intelectual.
Algunos autores musulmanes, como el shaij Abdalqadir as-Sufi, incluso han emitido fatwas reconociendo formalmente a Goethe como musulmán, argumentando que su declaración en la carta a Zelter equivale a una shahada personal.
Postura B: Goethe fue un admirador profundo, no un converso formal
Esta segunda lectura, más cauta y probablemente mayoritaria en la academia occidental actual, sostiene que:
- Goethe nunca pronunció formalmente la shahada (profesión de fe islámica) ante testigos musulmanes, requisito canónico para la conversión.
- No practicaba los cinco pilares: no rezaba las cinco oraciones diarias, no ayunaba en Ramadán, ni realizó la peregrinación a La Meca.
- Su uso del término islam tendía al sentido etimológico amplio (sumisión a Dios), no al confesional.
- Se movía en el marco de un pluralismo religioso ilustrado, admirando también el zoroastrismo, el hinduismo y ciertos aspectos del judaísmo.
Nuestra valoración honesta
Desde nuestra perspectiva, lo prudente es reconocer que Goethe habitó una zona intermedia difícilmente reducible a etiquetas contemporáneas. Fue un cristiano cultural que, en su madurez, se acercó al islam con una identificación espiritual profunda, sin dar el paso ritual de la conversión formal. Ni sería honesto reclamarlo como «nuestro» en sentido estricto ni sería justo negar la sinceridad y profundidad de su compromiso con el islam.
Como escribió el propio Goethe en el Divan —y esta cita quizá sea la más equilibrada—: «Quien se conoce a sí mismo y a los demás reconocerá también aquí: Oriente y Occidente ya no pueden separarse». Ese, más que cualquier etiqueta, es el legado imborrable del genio de Weimar. 🌉
Preguntas frecuentes sobre Goethe y el islam
¿Por qué el Instituto Goethe lleva el nombre de este autor?
El Goethe-Institut, fundado en 1951 en Múnich, es el organismo oficial de la República Federal de Alemania encargado de la difusión del idioma y la cultura alemanes en el mundo. Lleva el nombre de Johann Wolfgang von Goethe porque este es considerado unánimemente el escritor más grande de la lengua alemana, símbolo de la cultura humanista germana y figura de proyección universal. Con presencia en 98 países y más de 150 sedes, el Goethe-Institut funciona de manera análoga al Instituto Cervantes español, al British Council británico o a la Alliance Française. Su elección del nombre no fue casual: al vincularse a un autor que dialogó activamente con culturas orientales, la institución quiso simbolizar desde su origen una vocación de puente cultural, no de mera exportación unilateral de la cultura alemana. En países como Turquía, Egipto o Marruecos, el Goethe-Institut suele destacar precisamente la faceta orientalista de Goethe como valor de diálogo intercultural.
¿Existen traducciones al español del «West-östlicher Divan»?
Sí, aunque las traducciones completas al español del West-östlicher Divan («Diván de Occidente y Oriente») son menos abundantes de lo que cabría esperar dada la relevancia de la obra. Entre las ediciones disponibles destacan: (1) la traducción de Rafael Cansinos Assens, incluida en sus Obras Completas de Goethe editadas por Aguilar a mediados del siglo XX, que sigue siendo una referencia clásica; (2) la traducción de Emilio García Estébanez (Trotta, 1996), especializada y rigurosa; (3) versiones parciales y antológicas publicadas por editoriales como Alianza, Cátedra o Hiperión. La dificultad de traducir el Divan reside en que Goethe empleó terminología persa, árabe y turca sin traducir, además de referencias coránicas que exigen un traductor con formación islamológica. Si te acercas por primera vez a la obra, recomendamos una edición anotada donde el traductor contextualice las alusiones al Corán, a Hafez y a la sīra del Profeta Muhammad, porque sin ese aparato crítico buena parte de la riqueza intertextual del poemario se pierde.
¿Qué otros pensadores europeos de la época se interesaron por el islam?
Goethe no fue una excepción absoluta: se integraba en una corriente amplia de orientalismo alemán de finales del XVIII y principios del XIX que hoy conocemos como Weimarer Klassik y Romanticismo temprano. Entre los contemporáneos que compartieron ese interés destacan: (1) Johann Gottfried Herder (1744-1803), amigo y mentor de Goethe, que le recomendó leer el Corán; (2) Friedrich Schlegel (1772-1829), que llegó a afirmar: «Es en Oriente donde debemos buscar el supremo romanticismo»; (3) Friedrich Rückert (1788-1866), poeta que aprendió árabe y persa y tradujo directamente del Corán al alemán; (4) Joseph von Hammer-Purgstall (1774-1856), el orientalista austriaco cuya traducción de Hafez impactó a Goethe. Más allá del ámbito germánico, en la misma época encontramos a autores como Victor Hugo (con Les Orientales, 1829) en Francia o Edward William Lane en Inglaterra, traductor de Las mil y una noches. Se trataba de una fascinación paneuropea que preparó el terreno para el nacimiento de los estudios islámicos académicos modernos.
¿Dónde está enterrado Goethe y qué se conserva de sus estudios islámicos?
Goethe falleció en Weimar el 22 de marzo de 1832, a los 82 años, y está enterrado en la Cripta Ducal de Weimar (Fürstengruft), junto a su gran amigo y colega Friedrich Schiller. Este mausoleo, ubicado en el cementerio histórico de la ciudad, es hoy Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO como parte del conjunto de la Weimar Clásica. En cuanto a sus estudios islámicos, la mayor parte del material se conserva en el Goethe- und Schiller-Archiv de Weimar (fundado en 1885), el archivo literario más antiguo de Alemania. Allí se guardan: (1) los manuscritos coránicos de 1771-1772, con sus primeros ejercicios de copia y traducción; (2) los cuadernos de trabajo de sus estudios árabes con Paulus, Lorsbach y Kosegarten (1814-1815); (3) sus copias autógrafas de la sura 114 y de diversas duas; (4) el arco y las flechas regalados por los bashkires en 1814; (5) parte de la biblioteca oriental privada de Goethe, con manuscritos de Rumi, Hafez, Saadi y otros. Este archivo es hoy la principal fuente de investigación académica sobre la relación de Goethe con el islam.
¿Cómo influyó Goethe en la percepción europea del islam en siglos posteriores?
La influencia de Goethe fue profunda y persistente, aunque con altibajos. A corto plazo, su West-östlicher Divan abrió el camino para toda una generación de escritores románticos alemanes —Rückert, Platen, Bodenstedt— que profundizaron en el diálogo con el islam. En el siglo XX, el legado goethiano inspiró a dos figuras cumbre de los estudios islámicos: Annemarie Schimmel (1922-2003), la gran islamóloga alemana, que reconoció explícitamente a Goethe como su modelo, y el filósofo iraní Mohammad Iqbal (1877-1938), padre espiritual de Pakistán, que dialogó con Goethe en su obra Payam-e-Mashriq («Mensaje del Oriente»). En la dirección inversa, autores musulmanes contemporáneos como Tariq Ramadan o Navid Kermani han citado a Goethe como ejemplo de que el diálogo entre islam y Occidente no es una moda actual, sino una tradición europea con raíces profundas. En sentido negativo, hay que decir también que Goethe se enmarca en el llamado «orientalismo», categoría crítica desarrollada por Edward Said, y que algunas de sus visiones idealizadas del islam pecaban del típico exotismo europeo del XIX. Con todo, su legado sigue siendo, en balance, extraordinariamente positivo para el diálogo intercultural. 🌍
Conclusión: un legado imprescindible para el diálogo cultural
Repasar la relación entre Goethe y el islam es descubrir uno de los puentes intelectuales más luminosos jamás tendidos entre Europa y el mundo musulmán. Desde el Mahomets Gesang de 1772 hasta las últimas conversaciones con Eckermann en 1832, este intelectual dedicó sesenta años a estudiar el Corán, aprender árabe, leer a los grandes místicos persas y elaborar en su Divan una respuesta poética magistral al legado espiritual del islam.
Que Goethe se declarase o no formalmente musulmán es, en el fondo, una pregunta menor. Lo que importa más, y ese es el mensaje con el que nos gustaría cerrar este artículo, es lo siguiente: uno de los mayores genios que ha dado Occidente vio en el islam una tradición espiritual venerable, coherente y capaz de aportar valor a su propia cultura. No un enemigo. No un rival civilizacional. No un exotismo pasajero. Sino un interlocutor a la altura.
Ese legado, en tiempos frecuentemente marcados por la incomprensión mutua, sigue teniendo hoy una vigencia insobornable. Que Allah bendiga a quienes, como Goethe, buscan sinceramente los puentes por encima de los muros. Wa akhiru da’wana anil-hamdulillahi rabbil-‘alamin. 🌙