
La zona reservada para musulmanes del cementerio de Lleida ciudad, que la Paeria habilitó por primera vez en 2020 ante la imposibilidad de repatriar los cadáveres por la pandemia de la Covid, ha acogido hasta ahora los entierros de 23 personas, según fuentes municipales.
La religión islámica obliga a que la persona fallecida reciba sepultura en tierra, solo envuelta en un sudario, lo que choca con la normativa sanitaria catalana, y mirando hacia La Meca. El rito judío también establece el sepelio en tierra, aunque con ataúd.
La medida se inició para dar respuesta a una necesidad durante la crisis sanitaria y también ante la demanda de adaptarse a la multiculturalidad. No obstante, la gran mayoría de los que fallecen son repatriados para recibir sepultura en sus países de origen.

























