
Un menú escaso, frío y a deshora es lo que ha provocado un nuevo problema en la prisión de Ceuta. La redacción de Ceuta Actualidad ha recibido en las últimas horas información coincidente procedente de fuentes internas del centro penitenciario y de familiares de internos, alertando de un plante pacífico registrado el pasado sábado por la noche en el Módulo 8 de la prisión de Ceuta. Según estos testimonios, alrededor de sesenta internos musulmanes se negaron a cenar como medida de protesta por la reducción y la confección del menú adaptado al mes de Ramadán.
De acuerdo con la información trasladada por personal de cocina, la ruptura del ayuno se produce en torno a las siete de la tarde, mientras que la cena fue distribuida a las seis. Durante el Ramadán, los fieles musulmanes permanecen sin comer ni beber desde el amanecer hasta la puesta de sol, por lo que la comida nocturna adquiere una importancia esencial para la recuperación física.
Las quejas, según relatan tanto internos como familiares, se centran en varios aspectos. En primer lugar, aseguran que se ha eliminado la denominada chuparquía, un complemento que, según afirman, nunca se había suprimido anteriormente, ni siquiera en etapas pasadas del antiguo centro de Los Rosales. También denuncian que la harira —sopa tradicional con la que se rompe el ayuno— y el resto del racionado llegan fríos.
Además, la bolsa destinada al desayuno de madrugada habría dejado de incluir el bocadillo de embutido que hasta ahora formaba parte del menú, y la botella de agua que se entregaba por la noche para garantizar la hidratación se habría reducido a una cada dos días, siempre según las fuentes consultadas.
Al mismo tiempo que llegaba la denuncia interna a esta redacción, Ceuta Actualidad recibió un correo electrónico de familiares describiendo una situación similar. En ese mensaje se habla de raciones claramente insuficientes tras una jornada completa de ayuno, con harira servida en vasos de plástico, dos panes y poco más para afrontar toda la noche. También se mencionan tuppers pequeños, a medio llenar y, en ocasiones, con alimentos en mal estado o prácticamente incomibles.
Los allegados recuerdan que el Ramadán no es solo un periodo de ayuno, sino un tiempo sagrado de recogimiento y disciplina espiritual para millones de personas en todo el mundo. En una ciudad como Ceuta, caracterizada por la convivencia entre culturas y religiones, consideran que el respeto a las prácticas religiosas debería ser un principio básico también dentro de la institución penitenciaria.
La alimentación en prisión, subrayan, no es un privilegio sino un derecho vinculado a la dignidad y a la salud. Adaptar horarios y contenido de las comidas durante el Ramadán forma parte de esa obligación de garantizar condiciones adecuadas a quienes están bajo custodia del Estado.
Las mismas fuentes internas señalan que esta no es la única controversia reciente en el centro penitenciario, donde también se habrían producido quejas relacionadas con otros menús, incidencias de mantenimiento e incluso denuncias sindicales pendientes de resolución. Algunos funcionarios consultados apuntan a la necesidad de revisar la gestión actual y adoptar medidas que devuelvan la estabilidad a una institución que, recuerdan, “siempre se caracterizó por la paz social”.
De confirmarse los hechos, la situación exigiría una revisión urgente de las condiciones alimentarias durante el Ramadán. La privación de libertad no puede suponer la pérdida de derechos fundamentales ni de la dignidad personal. Cabe recordar que, en Navidad, los internos cristianos reciben menús especiales durante los días señalados que incluyen, por ejemplo, turrón.





















