
Respuesta breve: Zakariya (زَكَرِيَّا) es uno de los profetas de Bani Isra’il (los hijos de Israel) reconocidos en el islam. Fue sacerdote del Templo de Jerusalén, tutor de Mariam (María) y padre del profeta Yahya (Juan el Bautista), que le fue concedido cuando ya era anciano y su esposa estéril. Su nombre aparece siete veces en el Corán, repartidas en cuatro suras: Al-Imran (3:37 y 3:38), Al-An’am (6:85), Mariam (19:2 y 19:7) y Al-Anbiya (21:89 y 21:90). Su historia es, ante todo, el gran ejemplo coránico de la súplica sincera que Allah responde contra toda expectativa humana. 🤲
Zakariya ocupa un lugar especial entre los profetas del islam. No fue enviado con una escritura revelada ni encabezó una comunidad numerosa, pero su historia condensa lecciones espirituales de enorme calado: la paciencia sostenida durante décadas, la esperanza que no se rinde ante lo biológicamente imposible y la humildad de quien reza «en voz baja», sin espectáculo, buscando únicamente la complacencia de su Señor.
En este artículo recorremos su historia completa: su genealogía y su oficio, su papel como tutor de Mariam, las dos súplicas coránicas que millones de musulmanes recitan hoy cuando desean tener descendencia, el nacimiento milagroso de Yahya y, finalmente, los relatos tradicionales sobre su martirio, que abordaremos con la honestidad que merece distinguiendo lo que consta en el Corán de lo que procede de fuentes posteriores.
¿Qué significa el nombre Zakariya?
El nombre Zakariya (زَكَرِيَّا o زَكَرِيَّاء en árabe) es la forma arabizada del hebreo Zejariá (זְכַרְיָה), y su significado es especialmente hermoso: «Dios ha recordado» o «Yahvé se ha acordado».
Etimológicamente procede de la raíz semítica z-k-r, que significa recordar o mencionar, combinada con Yah, forma abreviada del nombre divino en hebreo. Se trata, por tanto, de un nombre teofórico: un nombre que contiene en sí mismo una referencia a Dios.
La coincidencia entre el significado del nombre y la historia de este profeta resulta llamativa. Zakariya pasó décadas suplicando en silencio, hasta que en su ancianidad recibió la respuesta que ya no esperaba humanamente. Dios se acordó de él. Su vida entera es una glosa de su propio nombre. ✨
Variantes del nombre
El nombre presenta numerosas variantes gráficas según el idioma y la transliteración:
- Árabe: Zakariya, Zakariyya, Zakaria
- Turco: Zekeriya
- Persa: Zakarya
- Español: Zacarías
- Inglés: Zechariah, Zachariah, Zachary
- Griego: Zacarías (Ζαχαρίας)
Sigue siendo hoy uno de los nombres masculinos más populares del mundo musulmán, precisamente por su relevancia coránica.
¿Quién fue el profeta Zakariya? Genealogía y oficio
Zakariya es uno de los profetas de Bani Isra’il (los hijos de Israel). Era el sumo sacerdote de Jerusalén e invitaba a la gente a la religión de Musa (Moisés), la paz sea con él.
Diferentes opiniones sobre sus antepasados
Existen distintas opiniones sobre su linaje entre los estudiosos musulmanes clásicos:
- Según algunas fuentes, sería hijo de Barkhiya, uno de los descendientes de Yaqub (Jacob).
- Otras fuentes sostienen que sería descendiente directo de Musa (Moisés).
- Una tercera opinión afirma que descendería de Sulaiman (Salomón).
Conviene señalar que el Corán no precisa su genealogía completa. Estas atribuciones proceden de la tradición exegética y de fuentes históricas posteriores, por lo que los especialistas suelen presentarlas como posibilidades, no como certezas.
Su oficio y su familia
Fuentes históricas narran que Zakariya era carpintero, un dato que aparece recogido en la literatura islámica y que subraya su condición de hombre trabajador, no dependiente de las ofrendas del Templo.
Su esposa era tía de Mariam (María). La madre de Mariam, tradicionalmente llamada Ana, era hermana de la esposa de Zakariya. El padre de Mariam fue Imran, tras cuya muerte Zakariya asumió la tutela de la joven.
Zakariya y su esposa no tuvieron hijos durante muchos años, hasta que Allah les concedió un hijo llamado Yahya (Juan el Bautista). Esta espera prolongada es precisamente el eje de su relato coránico.
Zakariya y Mariam: el guardián del mihrab
Uno de los episodios más importantes de la vida de Zakariya es su papel como tutor de Mariam, la madre de Isa (Jesús). El Corán lo narra en la sura Al-Imran:
«Su Señor la aceptó con buena acogida, la hizo crecer de manera hermosa y la puso al cuidado de Zakariya. Cada vez que Zakariya entraba en el mihrab donde ella estaba, encontraba junto a ella sustento. Decía: «¡Mariam! ¿De dónde te viene esto?». Ella respondía: «Viene de Allah. Ciertamente, Allah provee sin medida a quien Él quiere»».
— Corán, Al-Imran 3:37
Este pasaje resulta decisivo por dos motivos. En primer lugar, muestra la confianza que Allah depositó en Zakariya al encomendarle la custodia de quien sería la madre del Mesías. En segundo lugar, y esto es lo que muchas veces se pasa por alto, constituye el detonante directo de su súplica.
Al presenciar cómo Allah proveía milagrosamente de sustento a Mariam fuera de temporada y sin causa aparente, Zakariya comprendió algo esencial: si Allah puede hacer esto, también puede concederme un hijo pese a mi edad. Su fe no nació de la ingenuidad, sino de la observación atenta del poder divino.
Las dos súplicas coránicas de Zakariya
El Corán recoge dos súplicas (duas) de Zakariya que hoy son de las más recitadas por los musulmanes que desean tener descendencia. Ambas destacan por su brevedad, su humildad y su total confianza en Allah.
Primera súplica: Al-Imran 3:38
رَبِّ هَبْ لِي مِن لَّدُنكَ ذُرِّيَّةً طَيِّبَةً ۖ إِنَّكَ سَمِيعُ الدُّعَاءِ
Rabbi hab li min ladunka dhurriyyatan tayyibatan, innaka sami’u ad-du’a
«¡Señor mío! Concédeme de Tu parte una descendencia buena. Ciertamente, Tú eres Quien escucha las súplicas».
— Corán, Al-Imran 3:38
Merece la pena detenerse en los matices. Zakariya no pide simplemente «un hijo», sino una descendencia buena (dhurriyyatan tayyibatan). Tampoco pide a nadie más: solicita expresamente que venga «de Tu parte» (min ladunka). Y cierra reconociendo el atributo divino que sustenta su esperanza: Allah es As-Sami’, Quien escucha.
Segunda súplica: Al-Anbiya 21:89
رَبِّ لَا تَذَرْنِي فَرْدًا وَأَنتَ خَيْرُ الْوَارِثِينَ
Rabbi la tadharni fardan wa anta khayru al-warithin
«¡Señor mío! No me dejes solo [sin heredero], siendo Tú el mejor de los herederos».
— Corán, Al-Anbiya 21:89
Aquí el tono es aún más íntimo. Zakariya expresa su temor a morir sin dejar continuidad, pero inmediatamente lo matiza con una afirmación de fe extraordinaria: «siendo Tú el mejor de los herederos». Es decir, aunque no reciba lo que pide, reconoce que todo pertenece a Allah. Los estudiosos suelen señalar este equilibrio —pedir con intensidad pero sin exigir— como el modelo perfecto de la súplica islámica.
La súplica «en voz baja»
La sura Mariam añade un detalle conmovedor sobre cómo rezaba Zakariya:
«Cuando invocó a su Señor en voz baja, dijo: «¡Señor mío! Mis huesos se han debilitado y mi cabeza brilla con canas, pero nunca, al suplicarte, oh Señor mío, he quedado defraudado»».
— Corán, Mariam 19:3-4
Ese «en voz baja» (nida’an khafiyyan) es una de las enseñanzas más valiosas del pasaje. Zakariya no proclamaba públicamente sus necesidades; las llevaba a Allah en la intimidad, sin buscar la compasión ni la admiración de nadie. 🌙
El anuncio del nacimiento de Yahya
La respuesta divina llegó cuando Zakariya estaba en el mihrab, en oración. Los ángeles le anunciaron la noticia:
«¡Zakariya! Te anunciamos la buena nueva de un hijo cuyo nombre será Yahya, un nombre que no hemos dado antes a nadie».
— Corán, Mariam 19:7
El nombre Yahya se relaciona en árabe con la raíz de vivir. Los exégetas clásicos, entre ellos Qatada, explicaron que significa «él vive» porque Allah llenó su vida de fe.
En la sura Al-Imran se añade la descripción de las cualidades del futuro hijo:
«…Yahya confirmará una Palabra de Allah, será noble, casto y un profeta entre los justos».
— Corán, Al-Imran 3:39
La expresión «confirmará una Palabra de Allah» fue interpretada por Ibn Abbas, Al-Hasan, Qatada, Ikrima y Muyahid como una referencia a que Yahya creería en Isa (Jesús), la paz sea con él.
El asombro de Zakariya y la señal de los tres días
Pese a la firmeza de su súplica, la noticia le sobrecogió. El Corán recoge su reacción:
«Dijo: «¡Señor mío! ¿Cómo tendré un hijo, si mi mujer es estéril y yo he llegado a la decrepitud de la vejez?»».
— Corán, Mariam 19:8
No se trataba de duda, sino de asombro ante la magnitud del don. Zakariya pidió entonces una señal, y Allah se la concedió:
«Dijo: «¡Señor mío! Dame una señal». Dijo: «Tu señal será que no hablarás a la gente durante tres días salvo por señas. Y recuerda mucho a tu Señor y glorifícalo al atardecer y al amanecer»».
— Corán, Al-Imran 3:41
Una señal de una elegancia notable: durante tres días su lengua quedaría impedida para el habla ordinaria, pero libre para el recuerdo de Allah. La incapacidad se convirtió en devoción concentrada.
El nombre de Zakariya en el Corán: las siete menciones
El nombre de Zakariya aparece exactamente siete veces en el Corán, distribuidas en cuatro suras. Al igual que los musulmanes, los cristianos también creen en su figura, mientras que en la tradición judía no es considerado profeta, sino un piadoso sacerdote del Templo de Jerusalén.
Estas son las cuatro suras donde aparece:
- Al-Imran (3), aleyas 37 y 38: su tutela sobre Mariam y su primera súplica.
- Al-An’am (6), aleya 85: figura en la lista de profetas guiados, junto a Yahya, Isa e Ilyas, «todos ellos entre los justos».
- Mariam (19), aleyas 2 y 7: el relato más extenso, que abarca de la aleya 2 a la 15, presentado como una manifestación de la misericordia divina (rahmah).
- Al-Anbiya (21), aleyas 89 y 90: su segunda súplica y la respuesta de Allah.
Es significativo que la sura 19 lleve por título Mariam y, sin embargo, abra con la historia de Zakariya. La estructura del Corán vincula ambos relatos: dos nacimientos milagrosos, dos manifestaciones del poder divino sobre las leyes ordinarias de la naturaleza.
La defensa de Mariam y el martirio de Zakariya
Cuando los sacerdotes judíos hicieron acusaciones infundadas contra Mariam, Zakariya salió en su defensa negando dichas acusaciones.
Su conducta piadosa y justa, así como su defensa de la justicia, le granjearon la enemistad de personas desviadas y de quienes vieron amenazados sus intereses ilegítimos, hasta el punto de que intentaron matar al profeta de Allah.
El relato tradicional del árbol
Según los relatos recogidos en la literatura islámica posterior, al descubrir los planes hostiles contra él, Zakariya huyó y se escondió dentro del tronco de un árbol. En ese momento, según algunas fuentes, fue Iblís (Satanás) quien reveló su posición a sus perseguidores —señalando el borde de su manto, que sobresalía del tronco—, y estos cortaron el árbol en dos, martirizando al profeta.
Una precisión necesaria sobre las fuentes
Como creadores de contenido comprometidos con el rigor, consideramos importante hacer una aclaración que rara vez aparece en los artículos sobre este tema: el relato del martirio en el árbol no procede del Corán ni de hadices auténticos, sino de la literatura conocida como isra’iliyyat (narraciones de origen judeo-cristiano incorporadas a la tradición exegética islámica).
Sabios como Ibn Kathir e Ibn Yarir at-Tabari recogieron estos relatos en sus obras, pero los estudiosos del hadiz han señalado que se trata de narraciones débiles o sin cadena de transmisión verificable. Los propios exégetas clásicos establecieron un criterio para tratar los isra’iliyyat: pueden mencionarse cuando no contradicen el islam, pero no constituyen fuente de creencia ni de norma jurídica.
Lo que sí afirma el Corán con claridad es que Bani Isra’il mató injustamente a algunos de sus profetas (véase Al-Imran 3:21). Sobre el modo concreto en que murió Zakariya, sin embargo, la prudencia académica aconseja decir simplemente que los sabios difieren y que el detalle del árbol pertenece a la tradición popular, no a las fuentes de máxima autoridad. 📖
Su edad y su lugar de enterramiento
Algunas fuentes afirman que Zakariya tenía 130 años cuando fue martirizado. Se cree que está enterrado en Jerusalén, aunque también se le atribuye una tumba en Alepo (Siria), concretamente junto a la Gran Mezquita de la ciudad, tradicionalmente identificada como el lugar donde reposan sus restos.
Como ocurre con otros profetas anteriores al islam, la localización exacta de su sepultura no está establecida con certeza, y existen varios lugares que reivindican esa condición.























