Cuando el monje Néstor reconoció la profecía de Muhammad (PB)

Cuando el Profeta Muhammad (PB) alcanzó la edad de veinticinco años, tuvo la oportunidad de visitar Sham (Siria) nuevamente. En este viaje, dirigió una caravana comercial, que pertenecía a su futura esposa Jadija bint Juwailid, y estuvo acompañado por un sirviente de ella, Maysara.

El motivo de este viaje del Profeta (PB) a Siria fue el consejo de su tío Abu Talib. “¡Oh sobrino! Sabes que no soy dueño de ninguna propiedad o posesiones. Esta severa hambruna y sequía ha enflaquecido nuestro ganado; nos ha dejado sin negocio y sin fuerza y energía para levantarnos. Mira, la caravana de comerciantes de la tribu se prepara para partir hacia Damasco. La hija de Juwailid, Jadija, está buscando algunos individuos de esta tribu para llevar sus bienes en la caravana y entregarlos. Jadija es una mujer rica que se ocupa del comercio y quiere que otros también se beneficien de su riqueza. Ella necesita a alguien como tú en este asunto, alguien que sea confiable, leal y honesto. Si vas y le explicas este asunto, probablemente te preferirá a los demás debido a tu honestidad y virtud superior”.

Al enterarse de esta conversación, Jadija envió a un representante a Muhammad (PB) y dijo: “En verdad, te llamé para emplearte en los negocios debido al hecho de que eres noble, sincero, confidencial y magnánimo, y te daré muchas veces más de lo que le di a nadie”. Muhammad (PB) estuvo de acuerdo con la propuesta y cuando vio a su tío, le habló sobre el trato. A lo que Abu Talib dijo: “Esta tarea te la prescribe el Señor”.

Jadija envió a su sirviente Maysara en la caravana y le ordenó que cuidara de Muhammad (PB), le mostrara respeto y le protegiera. Cabe señalar que una pequeña nube los acompañó todo el tiempo durante el viaje.

Cuando llegaron a la ciudad de Busra en Siria, se detuvieron en uno de sus mercados. Muhammad (PB) se sentó a la sombra de cierto árbol, que estaba no lejos de un monasterio. Como en su primer viaje, realizado a los 12 años, Muhammad (PB) estaba destinado a conocer a un monje cristiano. En aquella ocasión fue Bajira, y esta vez fue Néstor (Nestura).

Encuentro con Néstor

La atención del monje fue atraída al ver que uno de los viajeros se acostó a descansar debajo de cierto olivo. El monje se acercó a un miembro de la caravana que estaba junto a aquel hombre y reconoció a su conocido de toda la vida, Maysara, y le preguntó: “¿Quién es este hombre?” Maysara respondió: “Es una figura respetada de la tribu Quraish”. Néstor dijo en voz baja: “Nadie yace debajo de este árbol excepto un profeta (PB)” (es decir, el Señor protegió este árbol de la presencia de personas no autorizadas que no eran profetas).

A la pregunta del monje: “¿Hay un enrojecimiento en los ojos?”, Maysara respondió: “Sí, que nunca se va”. Entonces el monje dijo que este era el último profeta. “Ojalá pudiera ver el inicio de su profecía y ayudarle”, dijo.

Cuando el monje vio una nube dando sombra a Muhammad (PB), se estremeció, se le acercó y le besó la cabeza y los pies, diciendo: “Testifico que eres el mencionado en la Torá. ¡Oh Muhammad! De hecho, vi y reconocí en ti todas las señales que dan testimonio de tu misión profética y que fueron descritas en las escrituras anteriores, excepto una señal en tu hombro.” Cuando el Profeta (PB) mostró su hombro, el sacerdote vio el sello de la profecía. Después de eso, Néstor comenzó a besarlo y testificó que no hay nadie ni nada digno de ser adorado excepto el Dios Único y que Muhammad es Su mensajero.