
En la calle 6 del cementerio municipal de Ames, en Ortoño, muy cerca de Aldea Nova, una única lápida sobresale entre las 57 tumbas alineadas a ras de suelo, prácticamente todas ellas sin uso. Orientada hacia La Meca, ciudad sagrada del islam, la única sepultura que identifica a su morador guarda el cuerpo de un ciudadano sirio fallecido en 2019 e inhumado en el cementerio laico de Os Batáns conforme a los ritos de la cultura musulmana.
En realidad, el de Ames es uno de los pocos cementerios gallegos que acogen enterramientos musulmanes. Ni son tantos los camposantos de carácter aconfesional con los que cuenta la comunidad ni todos los existentes disponen de tumbas que permitan la inhumación del cuerpo en contacto directo con la tierra, como establece el rito musulmán.
Ambas particularidades sí se dan en el caso del cementerio municipal de Os Batáns, que cuenta en total con 295 sepulturas, de las que la inmesa mayoría están todavía disponibles. Se trata de unidades de enterramiento que adjudica el Concello de Ames previa solicitud por períodos de 25 años, renovables hasta un máximo de 75.
La reforma de la normativa de sanidad mortuaria de Galicia, aprobada por la Xunta el 31 de agosto de 2023, autorizó en la comunidad el enterramiento sin ataúd, como reclamaban las comunidades religiosas musulmana y judía. Pero el esperado decreto no satisfizo la reivindicación histórica de la comunidad islámica en Galicia: disponer de un cementerio propio —una makbara, palabra árabe que designa a los cementerios musulmanes— en el que poder realizar las inhumaciones según sus costumbres funerarias.
A pesar de que la Ley de Libertad Religiosa de 1980 reconoce el derecho de todos los ciudadanos a «recibir sepultura digna, sin discriminación por motivos religiosos», la falta de instalaciones apropiadas en Galicia obliga a la comunidad islámica a inhumar a sus fallecidos en los cementerios musulmanes de Burgos o Madrid.






















