La necesaria independencia del islam de España

Mezquita en Ceuta

En una reciente entrevista en el diario El Mundo, el nuevo delegado de la FEERI en Ceuta y crítico de la Comisión Islámica de España, Abdelmalik Mohamed, vinculó la tradicional tranquilidad del islam en Ceuta con el control que ejerce Marruecos. Señaló concretamente que “el islam en Ceuta está tranquilo y este sosiego se debe en gran parte a la gestión que sobre el mismo realiza Marruecos. Para la estabilidad en Ceuta es fundamental que las mezquitas y otros lugares de culto sigan siendo gestionadas por el Ministerio de Asuntos Musulmanes (de Marruecos).”

De este modo, el mismo que criticaba la “falta de democracia” en la CIE apoya el que un estado extranjero, y no precisamente un símbolo de las libertades democráticas, controle a comunidades musulmanas españolas en un territorio, Ceuta, que es español. Esto es además extraño viniendo de una federación a la que la coordinadora y secretaría general del Partido Socialista marroquí USFP en Cataluña, Aicha el Gourgi, acusó en su día de estar vinculada al movimiento Justicia y Caridad, que es una organización opuesta tradicionalmente al poder marroquí. Es obvio aquí una pregunta: ¿Comparte la dirección de la FEERI las declaraciones de Abdelmalik? Y, si es así, ¿desean o no extender el papel relevante de Marruecos en Ceuta al resto de España?

Los argumentos de Abdulmalik son repetitivos: Primero que el 70% de los musulmanes en España somos de origen marroquí. Esto, en primer lugar, ignora que el islam en España es muy plural y usar criterios étnicos o de origen para determinar su liderazgo es un claro error. Hay que tener en cuenta además que muchos marroquíes en España hemos obtenido, o piensan hacerlo, el DNI español, con lo cual hemos hecho de España nuestra patria de elección. Y aunque es totalmente legítimo estar orgullosos de nuestro origen y cultura, no lo es utilizarlos para imponer una situación de control en el país donde nos hemos asentado y donde hemos desarrollado un proyecto de vida, por no poder hacerlo en Marruecos. Por tanto, nada indica que muchos de estos nuevos españoles estemos dispuestos a que el gobierno marroquí desempeñe un papel en el islam de Ceuta y mucho menos en el resto del país.

En este sentido, las afirmaciones de que Marruecos subvenciona a más de un centenar de mezquitas en Ceuta deberían ser motivo de alarma pues esto muestra una realidad en la que Marruecos, que continúa reivindicando la soberanía sobre Ceuta y Melilla, ha procedido a una anexión de facto de las dos ciudades en el terreno religioso. Esta es una situación inaceptable para España y las autoridades españolas deberían reaccionar en tal sentido haciendo posible que el islam en Ceuta pueda autofinanciarse y dejar de depender del país vecino. Lo mismo cabe decir de los musulmanes de Melilla, una comunidad bastante numerosa, que deben responsabilizarse de su propio destino también en el terreno financiero.

En segundo lugar, decir que la tranquilidad de los musulmanes de Ceuta se debe a la influencia de Marruecos es algo erróneo que no tiene en cuenta la madurez y estabilidad de la propia comunidad musulmana de la ciudad. En el terreno de la lucha antiterrorista, además de la colaboración importante de Marruecos, hay que decir que las fuerzas de seguridad del Estado de España, en coordinación con otros países europeos, son el pilar fundamental de esta lucha. Ninguna colaboración en este campo puede servir como excusa para un intento de control del islam en España por parte de ningún país.

Hay que establecer aquí una diferenciación entre la colaboración de la comunidad musulmana con cualquier país de mayoría musulmana, incluyendo Marruecos, lo cual es apropiado y positivo, y los intentos de un país extranjero de controlar el islam de España. En este sentido, hay que recordar lo sucedido en Bélgica en diciembre de 2020, cuando Salah Echallaoui tuvo que dimitir del cargo de vicepresidente del Ejecutivo de Musulmanes de Bélgica (EMB) en un momento en que se produjo un serio enfrentamiento entre el Ministerio de Justicia y el organismo musulmán sobre la Gran Mezquita de Bruselas. El ministro Vincent Van Quickenborne suspendió el proceso de reconocimiento del lugar de culto, sospechando que sus líderes estaban espiando en nombre de Marruecos. Dos años más tarde, Van Quickenborne retiró el reconocimiento oficial del EMB. Bélgica actuó así correctamente para impedir que su islam estuviera controlado por otro país.

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