Desear felices fiestas a los no musulmanes no es haram, sino una señal de respeto y convivencia

Musulmana con un regalo de Navidad

Durante las pasadas fiestas de Navidad y Año Nuevo, algunos sitios web de tendencia salafista, que parecen poco interesados en el desarrollo de relaciones positivas de los musulmanes con el entorno social donde viven y se desenvuelven, han repetido sus alegaciones de que desear Feliz Navidad o Feliz Año Nuevo a los no musulmanes o responder a sus felicitaciones es ilícito o haram.

Sin embargo, el código de ética islámico establece que los musulmanes deben tratar con respeto y amistad a los miembros de otras religiones o filosofías de vida y esto incluye saludar a las personas con motivo de la Navidad y el Año Nuevo. El Sagrado Corán dice: “Y cuando os saluden, responded con un saludo mejor o semejante”. (4:86)

Notemos que Dios Todopoderoso dice: “Cuando os saluden…”, lo cual no hace distinción acerca de quien esta saludando, sea musulmán o no. El Islam no está en contra de las fiestas de otras tradiciones. Otra cosa es que los musulmanes no lleven a cabo algunas acciones que los miembros de dichas culturas realicen como beber alcohol u otros actos de celebración que no se corresponden con la ética islámica.

Hay que señalar además que la Navidad es un acto de celebración del nacimiento del Profeta Jesús (P), ya se celebre en diciembre o en cualquier otra fecha, y hay que tener en cuenta que los musulmanes también celebramos el Aid el Maulid o aniversario del Profeta Muhammad. Y el Sagrado Corán dice: “No hacemos distinción entre unos profetas y otros’ (2:285). Por lo tanto, no debería haber problema en celebrar el aniversario de Jesús (P), que es un gran Profeta del Isam.

En cuanto al Año Nuevo, es una celebración internacional que carece hoy en día de ningún simbolismo de tipo religioso y alude meramente a una forma determinada de contar el tiempo.

En realidad, según indica Habib Ali Zain al Abidin al Yifri, un islamólogo y educador espiritual que vive en los Emiratos Árabes Unidos, aquellos que formalmente prohíben expresar sus mejores deseos a los no musulmanes durante sus celebraciones religiosas basan su juicio en la convicción de que esto equivaldría a aprobar principios que son opuestos a los del Islam.

Hoy en día, es difícil imaginar que felicitar a los creyentes de otras religiones en sus principales festividades religiosas equivaldría a negar el Islam por el bien de su religión.

El Islam está firmemente establecido y sus principios fundamentales son bien conocidos, al igual que sus principales puntos de divergencia con otras religiones.

Hoy en día, los seres humanos generalmente han madurado lo suficiente como para aceptar la convivencia religiosa, sin ir más allá de los límites impuestas por sus credos respectivos. Un musulmán que felicita a los cristianos en Navidad no debe ser visto como un defensor del dogma cristiano, que afirma la divinidad de Jesucristo (P) o que él (P) es el hijo de Dios.

Del mismo modo, un cristiano que recibe los mejores deseos de un musulmán no deducirá de ello que su hermano en Dios se adhirió a la teología cristiana. Lo mismo ocurre con un cristiano que felicita a un vecino musulmán en las fiestas del Aid, Ramadán o el nacimiento del Profeta Muhammad (PB).

La costumbre contemporánea durante el período navideño ya no vincula la expresión tradicional de felicitaciones como “Feliz Navidad” con la afirmación de que Jesús es el hijo de Dios. Es una simple costumbre cultural que cimenta unas buenas relaciones humanas y también interreligiosas.

Un principio legal (qa’ida fiqiyya) establece: “Un juicio depende de su causa” (yaduru al-hukmu ma’a ‘ilatihi wujudan wa‘ adaman). La causa que llevó a los académicos a oponerse a las felicitaciones dirigidas a otros creyentes, en sus fiestas religiosas, ahora es obsoleta y la prohibición que impusieron ya no tiene razón de ser.

Aquellos que se niegan a presentar sus felicitaciones a otros creyentes durante sus fiestas religiosas tienen todo el derecho de hacerlo, pero no deben tratar de imponer su opinión a los demás e intentar convertir su elección en obligatoria. Al condenar a quienes no comparten su punto de vista y al dudar de la sinceridad de su fe, socavan seriamente la grandeza del Islam.