El primer contacto chino con el Islam se produjo algunos años después del fallecimiento del Profeta Muhammad, cuando su compañero, Sa’d ibn Abi Waqqas (674), y otros tres más viajaron a China.

Esto fue documentado por el consumado erudito musulmán chino Liu Sanjie y su hijo, el famoso expositor de la metafísica sufí, Liu Zhi (1739).

Otras personalidades musulmanas importantes que tuvieron un impacto en el legado cultural del Islam en la historia de China incluyen a Sayed Umar Shams al Din (Sayyid al Ayal) (1279). Se decía que él era miembro de la generación número 27ª de descendientes del Profeta Muhammad y un funcionario musulmán de gran prestigio durante la dinastía Yuan.

Él fue nombrado ministro de finanzas imperial, según lo registrado por Marco Polo en el siglo XIII. Sayyid al Ayal fue subsecuentemente encargado de gobernar Yunnan y fue alabado por un historiador contemporáneo por haber llevado la “civilización” a Yunnan.

Sayyid al Ayal no solo propagó el Islam a través de sus palabras y hechos, sino que también promovió los elementos encomiables de la tradición indígena que eran compatibles con las enseñanzas del Islam. Él fortaleció los vínculos de solidaridad dentro de la comunidad a través del establecimiento de las escuelas de Confucio.

Durante la dinastía Ming, los musulmanes obtuvieron una aceptación sin precedentes al más alto nivel.

La prominencia del Islam en este período quizás esté mejor resumida en las Cien Palabras de Alabanza del Emperador Hongwu (1398), fundador de la dinastía Ming en 1368.

El reconocimiento imperial del Islam se produjo por medio de un edicto imperial del emperador Zheng-de (1522), de esta dinastía Ming, según lo registrado por Wang Daiyu (1660) en su Zhengjiao Zhenquan (Interpretación genuina de la enseñanza correcta).

Sin embargo, fue durante el periodo Qing cuando surgieron teólogos, metafísicos y pensadores musulmanes chinos que crearon una escuela filosófica distintiva, más tarde llamada la tradición Han Kitab.

La corriente Han Kitab buscó islamizar el pensamiento confuciano sin rechazar los elementos encomiables de la tradición confuciana. Ella dio comienzo con el ya mencionado Wang Daiyu, que fue considerado como un santo durante el período Qing.

El siguiente gran hombre durante la dinastía Qing es Ma Zhu (1710). Él fue educado en la tradición neoconfuciana e islámica. Su obra maestra, el voluminoso Qingzhen Zhinan (al Murshid ila ‘Ulum al Islam o la Guía de las Ciencias del Islam), estaba destinada a élites no musulmanas y musulmanes educadas en chino.

Él también describió al Profeta Muhammad como un sabio (sheng) y agregó que él significó la “culminación de los logros de las 10.000 generaciones de antiguos sabios (chinos)”.

La figura más profunda en la historia intelectual islámica de China es Liu Zhi.

A los 15 años, y durante los siguientes 15 años, leyó acerca del confucianismo, el budismo, el taoísmo y los clásicos islámicos. Liu Zhi quizás representó la fase intensificada de la islamización en China. En su biografía del Profeta Muhammad (Relato Verdadero del Sabio Supremo), describió al Profeta como el “más sabio de los sabios”.

El legado intelectual, espiritual o cultural del Islam en China mostró que la islamización no fue rechazada por los chinos. Ella enriqueció y fortaleció a muchas personas con refinamiento espiritual, social y cultural.

La islamización a través del lenguaje y el pensamiento, tal como la emprendieron los sabios sino-musulmanes, como Wang Daiyu y Liu Zhi, mostró la posibilidad de tender puentes entre el Islam y tradiciones orientales, como el confucianismo.