La destrucción de los Baños Árabes de Murcia

El patrimonio arquitectónico de Murcia, a lo largo de los últimos trescientos años, no se ha caído solo. La ciudad tenía la mejor muralla medieval de España y, mientras otras ciudades españolas amuralladas respetaron el recinto, creciendo extramuros, en Murcia decidieron dinamitarla. La plaza Cardenal Belluga, con su Imafronte y Palacio Episcopal del siglo XVIII, vio como la pala reducía a escombros el palacete barroco «de la Riva» para construir un edificio «para los nuevos tiempos», no importaba la historia, ni el espléndido conjunto histórico.

El 9 de febrero de 1933 salía a concurso público el derribo del edificio del palacete de los Vélez, convocado por el médico y Presidente de la Diputación, Alfonso Palazón Clemares, al tiempo el alcalde de Murcia miraba hacia Antequera. Se trataba de Gaspar Blein Zarazaga. El susodicho solo ejerció en Murcia durante diecinueve meses, retornando en 1950 para redactar el Plan General de Ordenación Urbana, que abrió la Gran Vía y «se cargó los Baños Musulmanes». Tras redactarlo volvió a desaparecer.

Como a otros colaboradores de la destrucción del patrimonio debemos decir, como dicen las viejas de nuestras pedanías, Dios lo tenga en su gloria. Era alcalde el vallisoletano Domingo de la Villa y Fernández de Velasco (1917-1979), farmacéutico del ejército con mucho apellido y poca sesera. Una cacicada privó a Murcia de un monumento nacional como eran los Baños Árabes, los responsables disfrutaron de completa inmunidad tras cometer este atentado.