Los baños de la Sevilla musulmana

Las dificultades para conocer datos en torno a los baños árabes de la Sevilla islámica (Isbilya) han sido enormes tradicionalmente por la falta de información de las propias fuentes árabes. Éstas sólo hacen mención a dos baños en la ciudad medieval, Al Rakkakin, situados probablemente en el Alcázar, y Al Sattara, recogidos por numerosos autores musulmanes. En ninguno de los dos casos se hace alusión a la tipología o características de esos edificios, además. Pero después, los textos cristianos y la historiografía sí arrojan algo más de luz en torno a los baños públicos, de forma que se pueden localizar en la propia trama urbana al menos cuatro o cinco de esas instalaciones árabes de varias épocas.

Uno de ellos es el llamado baño de García Jofre, el principal «hammam» almohade de aquella ciudad pues estaba situado junto a la mezquita aljama sobre la que hoy reposa la Catedral, en lo que hoy es la confluencia de la calle Mateos Gago con la plaza Virgen de los Reyes. Esos baños ubicados en lo que hoy es el edificio de la cervecería Giralda estaban formados por dos salas, una rectangular con bóveda de cañón y otra cuadrada sobre la que hoy puede contemplarse aún la arcada del principal salón de este bar. Pocos clientes sabrían que bajo sus pies se encontraban esos restos medievales de tanto valor como los baños almohades.

Muy cerca de estos restos musulmanes, calle arriba, en el número 6 de la calle Mesón del Moro, existe otro ejemplo de baño islámico convertido en restaurante con enorme éxito de integración y contemplación de los restos: el San Marcos, donde una vez estuvo el llamado baño de la Judería. Con muros de ladrillo, la cubierta es de bóveda de cañón y conserva las lumbreras con estrellas de ocho puntas. Estos baños que hoy pueden disfrutarse por los clientes de este establecimiento no aparecen en la historiografía, ya que fueron descubiertos a finales de los años 60. A comienzos del siglo XX eran usados como almacén de herrería y fueron restaurados en los años 70 para pasar a funcionar después como restaurante. Los vestigios de este baño se reducen a una sala rectangular, con dos atajos en los extremos, separados por sendos arcos de herradura. Adosada a la pileta suroeste hay una pequeña sala con bóveda de cañón que también debió formar parte del antiguo «hammam». Otros restos de estos baños aparecen también por fincas colindantes, en su subsuelo y en paramentos interiores. En el número 10, por ejemplo, surgieron restos de estos baños en unas obras de rehabilitación realizadas hace décadas.

Otro bello ejemplo lo conforman los conocidos como los Baños de la Reina Mora, un tesoro islámico en pleno barrio de San Vicente, con columnata datada en el siglo XIII. Esas columnas de la galería porticada fueron desplazadas, quedando evidencias de que el patio de «hamman» debió ser algo menor. Eso sí, la instalación medieval en su conjunto sí tuvo una superficie notable, equiparable con pocos baños árabes de la Península Ibérica, con bóvedas de cañón rebajadas y lumbreras. Estos restos sí han sido profusamente estudiados a lo largo de la historia.

El baño islámico de San Ildefonso —por estar situados en el tramo de la calle Boteros más cercano a ese templo— es el otro gran «hammam» destacado de aquella ciudad medieval del que se conserva documentación. Fue donado a la reina doña Juana el repartimiento de Sevilla y usado como baño hasta el siglo XVI, cayendo luego en desuso y siendo derruidos en 1762.

Otro de los baños árabes sería la propia sala de las abluciones de la mezquita aljama, que fue descubierta en octubre de 1994 y cuyos restos están bajo el pavimento de la plaza Virgen de los Reyes. También se mantienen conservados como bodega subterránea otros baños medievales bajo un bar del número 20 de Santa María la Blanca, junto a la propia iglesia de ese nombre, con una sala rectangular con bóveda de cañón y en los extremos dos salas laterales.