Musulmanes de Madrid carecen de lugares de enterramiento

Los aproximadamente 300.000 musulmanes que viven en la Comunidad de Madrid no tienen, desde hace meses, ningún espacio en la región donde pueden ser enterrados de manera acorde a sus creencias, una situación que ha empujado a muchos ciudadanos a llevarse los restos de sus fallecidos lejos del lugar donde hicieron sus vidas.

Tradicionalmente, los musulmanes de Madrid que deseaban ser enterrados por el rito impermeable podrían hacerlo en un cementerio en Griñón, vestigio de la dictadura, pues fue Francisco Franco quien lo mandó construir para sepultar allí a los miembros de su Guardia Mora.

Sin embargo, ese cementerio notificó su colmatación a fines de 2022. Y aunque esta circunstancia se preveía desde tiempo atrás, no había ningún “plan B” preparado.

En el rito islámico tradicional, los cadáveres se colocan de costado, mirando a La Meca, se envuelven en una mortaja y se depositan directamente sobre la tierra. La normativa de sanidad mortuoria de la Comunidad de Madrid obliga a utilizar féretros, pero por lo demás, el cementerio de Griñón cumple con los requisitos de la doctrina islámica, incluida la orientación de las tumbas hacia La Meca.

Ante la inacción de las instituciones madrileñas y de la Comisión Islámica Española se han iniciado, a título particular, distintas pueden exigir que se proteja el derecho de los ciudadanos musulmanes a recibir una sepultura digna.

Un limbo después de la muerte

Una de las personas que están peleando por revertir este escenario es Maysoun Douas, concejala de Más Madrid en el Ayuntamiento de la capital, quien explica el limbo al que se enfrentan, desde hace meses, los musulmanes que fallecen en la región.

Para empezar, las alternativas en España son pocas, lejanas y, a menudo, inaccesibles, pues la mayoría de los cementerios públicos sólo acogen sepulturas de residentes en la provincia donde se encuentran.

El equipo que coordina Douas ha localizado apenas una treintena de cementerios aptos para enterramientos musulmanes en todo el territorio español. Ninguno está a menos de 250 kilómetros de Madrid, y el que pone menos trabas para recibir fallecidos de cualquier punto de España es un cementerio privado ubicado en Chiva (Valencia), a más de tres horas en coche desde la capital.

Así las cosas, cabe plantearse repatriar el cuerpo a otro país de mayoría musulmana donde el desaparecido pueda descansar en paz. La opción principal, en este sentido, es Marruecos, país de origen de la mayor parte de la inmigración de religión musulmana en España.

Pero tampoco resulta una solución idónea. Según confirma Douas, es una operación cara, cuya importación alcanza sobradamente las cuatro cifras, y que está sujeta a los vaivenes del tráfico de mercancías, lo que implica que las familias tienen que ingeniárselas para conservar a sus muertos durante días, a veces semanas, a la espera de que salga un convoy con el destino preciso.

Se suma además el factor sentimental: muchos de los musulmanes que residen en Madrid han nacido en España o han pasado aquí la mayor parte de sus vidas. Lo lógico para ellos, insiste Douas, sería ser enterrados en el lugar que fue su hogar, donde sus familiares pueden ir a visitar sus tumbas.

Un proyecto pendiente en la capital

En la capital no es la primera vez que se habla de este problema. Ya en 2016, el Gobierno de Manuela Carmena valoró habilitar una parcela del cementerio Sur de Madrid, en Carabanchel, para que acogiera enterramientos de musulmanes, pero nunca avanzó en las gestiones.

La iniciativa fue recuperada por el PSOE el año pasado, y el Pleno municipal llevó a cabo en julio una propuesta para acondicionar una parcela de “no menos de 10.000 metros cuadrados” en el cementerio de Carabanchel.

No obstante, los partidos del Gobierno (PP y Cs) se abstuvieron en la votación, que salió adelante con los votos del ala izquierda de la oposición (Más Madrid, PSOE y Grupo Mixto). La vocera del Ejecutivo, Inmaculada Sanz, alegó que ya había contactos con “representantes de la comunidad islámica” y no quería concretar la solución en “el acondicionamiento genérico de una parcela o de otro de cualquiera de los cementerios”.

En cualquier caso, no se han comunicado avances tangibles ni por parte del Ayuntamiento ni por parte de la Comisión Islámica Española, a la que Douas señala directamente. “No está intentando absolutamente nada”, afirma la concejala, que lleva meses contactar, sin éxito, con la organización.

La tasa de mortalidad de la Comunidad de Madrid está en 7,4 funciones anuales por cada 1.000 habitantes. Con ese dato en la mano, Douas estima que entre los musulmanes madrileños se producirán no menos de 1.500 muertes este año. 1.500 muertos que, si nada cambia, tendrán que reposar lejos de casa.

Fuente20minutos.es
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