Las profesoras musulmanas de los colegios públicos españoles

La imagen cada vez es más frecuente a la entrada de los colegios públicos de España. Entre el cuerpo de docentes, siempre diverso, siempre heterogéneo, comienza a asomar, con relativa normalidad, el hiyab, el pañuelo islámico. No es de extrañar: la comunidad musulmana supera los dos millones de personas en nuestro país.

LaSexta habla con tres maestras españolas para radiografiar su vuelta al cole: el espacio donde combatir mitos y prejuicios de todo tipo. «Nos tenemos que hacer visibles. Es totalmente normal», guiña Carolina Saidi, una de ellas.

300.000 niños musulmanes en la escuela pública española

En nuestro país, en 2020 había 2.216.512 musulmanes, según datos proporcionados a laSexta.com por la Unión de Comunidades Islámicas de España. Es una comunidad vasta, ampliamente visible y, sobre todo, variada.

Precisamente por eso, no es de extrañar que fieles musulmanes integren todos los resortes del Estado. Y que, de la totalidad de docentes en centros públicos -545.734 en el curso 2020-2021, precisa el Ministerio de Educación- no sea complicado encontrar profesoras y maestras que ejerzan su profesión con la cabeza cubierta por motivos religiosos, y que no impartan exclusivamente clases de Islam.

Además, según el recuento más actualizado y proporcionado a laSexta.com por la Unión de Comunidades Islámicas de España -aunque aún no se ha publicado- el alumnado de religión, cualquiera, en los centros públicos españoles alcanza la cifra de 6.821.448. De ellos, 343.922 niños recibe clases de religión musulmana.

«Mi padre dice que vienes a enseñar tu religión»

Hind Mounjid tiene 29 años, es de Úbeda (Jaén) y es maestra de Primaria. Su caso es paradigmático: estudió en un colegio jesuita y, una vez se tituló en sus especialidades -inglés, francés y educación física- en una escuela privada de su ciudad, estuvo trabajando en el mismo centro. «Claro que sabían que soy musulmana -aunque en ese momento no llevaba el pañuelo- y nunca hubo ningún tipo de problema», comenta, orgullosa.

Después, comenzó a trabajar en la pública, ya cuando vestía hiyab. «Era en Sevilla, como tutora de francés de 6º de primaria», explica.

«Los niños te miraban como ‘uy’. Es normal, nunca han visto como profe a alguien con la cabeza cubierta. Pero todo fue genial. Una niña sí que me dijo ‘mi padre dice que has venido a enseñarnos tu religión’. Cada familia es un mundo», suspira. «Pero al finalizar el curso estaban muy contentos».

El alumnado y la diversidad

Las tres maestras señalan la diversidad de alumnado en las aulas como el mayor motor antixenofobia «porque hay niños de todos los orígenes: no sólo de América Latina o Marruecos, también de otras partes de Europa o el mundo».

«A día de hoy, al vivir en un mundo más globalizado, tenemos alumnos mestizos, de padres de diferentes nacionalidades… Se va normalizando todo. También te encuentras gente más ignorante, más cerrada. Pero como con todo», comenta Hind Mounjid. «O no han salido, o no han viajado, no han visto…. Estamos en un país con libertad».

De hecho, en la propia comunidad islámica de nuestro país hay diferencias, lejos de ser un colectivo homogéneo. En los estudios de la Unión de Comunidades Islámicas de España se recoge la estimación de que el 40% de los musulmanes que viven en nuestro país son de origen o ascendencia marroquí y la mitad de ellos son españoles, bien de nacimiento o de nacionalidad.

Sin embargo, en las 1.800 mezquitas registradas, la influencia de lo musulmán viene de partes distintas. Son en esos centros islámicos donde se crean las escuelas en las que los niños aprenden el Corán, más que en las clases regladas por la Educación Pública. Bajo el influjo ya sea de Arabia Saudí, Irán, Emiratos Árabes, Marruecos…

Khaoula El Kamouni Chebli, madrileña de 27 años, aunque tras estudiar Primaria -especialidad audición y lenguaje- en la Universidad Complutense está destinada en Mejorada del Campo, a una media hora en coche del centro de la capital. Ella optó por cubrirse la cabeza durante la adolescencia.

«A los alumnos les hace mucha ilusión tener un referente de su comunidad. Te reciben con los brazos abiertos, se sienten comprendidos al ver que no solamente tienen el mismo perfil de maestro español sino que ven que hay variedad cultural en las profesiones y eso les da más seguridad y les motiva», desliza.

Ella sí ha sentido el rechazo, el cuestionamiento por llevar hiyab. «Siempre, en todos momentos y a todas horas me siento juzgada, pero es algo con lo que aprendes a vivir y no dejas que te afecte hasta que se te olvida. Parece un poco dramático pero es real», incide El Kamouni.

«Cada día que decides hacer tu vida con un hiyab puesto te vas a encontrar con incomprensión, preguntas, juicios, o incluso ataques. Y puede pasar en cualquier ámbito. La sociedad no lo llega a aceptar del todo», defiende.

Más en un momento como el que vivimos, convulso para la imagen de su fe en otros ámbitos, tras un verano en el que, por un motivo u otro, el Islam no ha parado de copar titulares.

«La religión islámica siempre ha estado muy manchada con ese tipo de acusaciones que nada tienen que ver con la realidad del islam y de los musulmanes. La desinformación y la mala información es lo que hace que tenga esta imagen tan inadecuada», cree Khaoula El Kamouni.

«Como si quiero ir con rastas o la cabeza rapada»

Es algo con lo que coincide Carolina Saidi Rodríguez, mallorquina de 45 años. «Todo esto son picos que sufrimos. Hay algún tipo de noticia de este estilo para que la gente esté más de uñas, pero luego se pasan meses o años sin estar en titulares… y no suele haber nada. Quizás la gente se acostumbra», opina esta maestra especialista en Primaria y en audición y lenguaje, destinada este nuevo curso en Collado-Villalba, en Madrid.

En las aulas ha vivido una «normalidad total. En todo caso, para los niños de origen marroquí o paquistaní, eres su superheroína. Se quedan alucinados, y para los papás y mamás también lo eres, porque es síntoma de progreso [que haya profesionales con hiyab de todo tipo]».

«Nos tenemos que hacer visibles, no es nada raro. Es totalmente normal. Como si quiero ir con rastas o llevar media cabeza rapada. Cada uno es libre», defiende Saidi, orgullosa. «Es lo que me identifica como mujer musulmana. Representa mi personalidad, mi forma de ser. Lo llevo por Dios, lo elegí libremente, lo hice muy tarde, con 39 años. Una decisión muy masticada, muy reflexiva. Piensan que lo llevas porque o estás casada o por tu padre te obliga. Y no. Para nada».