8.000 musulmanes de Burgos inician el mes de Ramadán

El coronavirus ha alterado la realidad de toda la población y, con ella, la celebración de tradiciones y eventos religiosos sin distinción de raza o credo. Si hace unas semanas fueron los cristianos los que vieron cómo su Semana Santa pasaba a celebrarse en un plano más íntimo, ahora es la comunidad islámica la que se prepara para un Ramadán más personal en la intimidad del hogar.

Con las mezquitas cerradas por el decreto del estado de alarma, el confinamiento de la población obligará a llevar a cabo alguna de las tradiciones de este periodo de manera individual.

Son aproximadamente 8.000 musulmanes los que conforman la comunidad islámica en la provincia de Burgos, muchos de ellos comenzarán este viernes el rito del ayuno.

Ibrahim es uno de ellos, aunque asegura que «en términos generales el confinamiento no impide nada de lo que es el rito del ayuno». Si en algo puede afectar es que, tradicionalmente, durante el mes del Ramadán, son muchas las familias y amigos que se reúnen a la hora de romper este ayuno. Este año no podrá ser.

Otra de las tradiciones que se verá alterada será la oración comunitaria que se realiza por la noche en las mezquitas. Sin embargo, como explica Ibrahim, «esta oración realmente es voluntaria, si no se va a la mezquita no pasa nada, se puede hacer en casa».

«Se limita alguna de las cosas que hacemos durante el Ramadán, pero el ayuno realmente es una cosa personal que no implica la socialización con la gente», añade.

Quienes quizás sí noten los cambios son aquellos que otros años ‘sufren’ el ayuno durante sus jornadas labores. Con el estado de alarma provocado por la pandemia de coronavirus muchos de ellos no están realizando su trabajo, por lo que en esta ocasión este ayuno lo pasarán en casa.

«Normalmente el ayuno si no trabajas no es nada duro, la gente que peor lo pasa en Ramadán es la gente que tiene un trabajo duro y no puede beber agua, pero aun así, la gente que trabaja muy duro puede no ayunar», relata Ibrahim. Sin embargo, también hay quien piensa lo contrario. Fátima es una joven musulmana que cada año celebra el Ramadán. Estudiante y deportista asegura que este año va a ser «más duro» que en otras ocasiones.

«Habitualmente el Ramadán lo paso estudiando y entrenando, así que voy a clase, a entrenar, veo a mis amigos y mis compañeras de equipo y se me pasa el tiempo más rápido, pero este año al estar en casa la ansiedad por tener la comida cerca y no poder comer va a ser mayor», se lamenta.

El Ramadán se celebra un mes al año, es un mes cambiante porque los musulmanes se rigen por el calendario lunar, por eso a veces cae en verano, otros años en invierno y otros, como este, en primavera.

Esta celebración consiste en ayunar desde que sale el sol hasta que se va, pero no solo no se puede comer, tampoco se puede beber, mantener relaciones sexuales o, en un plano un poco más personal, en un ayuno más interno y menos conocido, tampoco se debe hablar mal, discutir, escuchar o ver cosas que no están permitidas. Es un mes entregado a la fe en el que ayunan todos los sentidos.

Cuando llega la hora de romper el ayuno, cuando el sol se va, se puede volver a comer, beber y mantener relaciones sexuales, «pero no se debe atiborrarse a comer, el ayuno debe servir para darse cuenta de que para los musulmanes lo más importante es la palabra de Dios y que las cosas materiales pasan a un segundo plano», explica Ibrahim.

El Ramadán dura entre 29 y 30 días, depende de la luna, es entonces cuando se cumple el ‘Eid al-Fitr’, o el final del Ramadán, la fiesta de la ruptura del ayuno. Para celebrarlo se hace una oración comunitaria y se sacrifican animales para comer con la familia y para dar a los pobres. Esta celebración es más que probable que este año tampoco se pueda llevar a cabo. «Pero la oración se puede hacer en casa, por esa parte no hay problema», se consuela Ibrahim.