Musulmanes de Ceuta celebraron el Aid

Con la tradicional musal-la comenzó la celebración de una de las fiestas más importantes del calendario musulmán: el Eid al-Adha o la Pascua del Cordero.

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Con la tradicional musal-la comenzó la celebración de una de las fiestas más importantes del calendario musulmán: el Eid al-Adha o la Pascua del Cordero.

Como viene siendo habitual en los últimos años, la explanada de Loma Margarita ha albergado el rezo colectivo que ha congregado a más de 3.000 personas de todas las edades.

Desde las ocho de la mañana comenzaron a llegar los fieles que iban buscando un lugar entre las esterillas preparadas para la ocasión. Pese a ser temprano, el intenso sol hizo que muchos buscaran la sombra, especialmente los más pequeños.

Pasados diez minutos de las nueve de la mañana comenzó el rezo, dirigido por el imam de la mezquita Annour, Abdelhakim Mhassani, quien comenzó la oración agradeciendo, para continuar explicando el significado de esta fiesta y también instar a los principios de ayuda al prójimo.

Además de expresar su gratitud por esta festividad durante el rezo, la Comisión Islámica de España en Ceuta quiso recordar la importancia de esta fiesta entre los musulmanes. Un festividad que representa la unidad de la comunidad y que cuenta con un especial carácter familiar.

“La oración en congregación como se hace aquí y en prácticamente todo el mundo musulmán, es una norma del profeta en la que se invita a todos a celebrar las dos grandes fiestas del islam, en multitud y al aire libre”, explicaba el delegado de la Comisión Islámica de España en Ceuta, Hamido Mohamed.

Inicio del sacrificio

Una vez culminado el rezo, muchas familias comenzaron con el sacrificio de los borregos. Desde temprano empezó la actividad en las carpas repartidas por distintos puntos de la ciudad.

En Loma Colmenar comenzaban a acumularse los animales en las proximidades de la carpa. Ejemplares de gran tamaño han caracterizado a esta barriada, donde se ha podido ver, no sólo el trabajo en familia, sino la unidad entre los vecinos.

“Primero hemos rezado y después del rezo hemos matado a mi borrego, sacrificándolo por mí y por mis hijos”, cuenta Mohamed, vecino de esta barriada que junto a su vecino termina de quitarle la piel al ejemplar.

Para muchos musulmanes ceutíes es la fiesta más importante del año, por lo que en este día se busca dar lo mejor a la familia. Entre vecinos se ayudan, sobre todo cuando el borrego es de grandes dimensiones. “Demasiado grande estoy viendo, parece un King Kong en vez de un borrego”, bromeaba un vecino de Loma Colmenar mientras era ayudado para poder enganchar al ejemplar en el interior de la carpa habilitada.

Durante todo momento, mientras se procedía a la matanza y preparación del animal, el agua se convertía en el elemento clave para retirar toda la sangre fruto del degüelle de los borregos. Ya fueran más grandes o más pequeños, en cada barriada todos comparten que lo más importante de este día es la celebración en familia.

“Es una felicidad muy grande, la verdad, en la vida”, por ello acompañado de sus esposas, hijos y toda la familia, además de los vecinos, muchos comparten este día tan especial ayudándose. “Intentamos ayudarnos todos porque así es más fácil el trabajo y trabajamos en cadena, digamos, para que sea todo más sencillo”, explica Sufian, que había lo propio en la carpa ubicada en el recinto.

Una celebración, que según la tradición, llega a durar hasta tres días. “El día de hoy pues tranquilos. Cuando terminemos de aquí pues preparamos los callos, los garbanzos, nos sentamos los hermanos, la familia… en buena armonía. Por la tarde también merendamos, cenamos… Ya mañana cortamos los pinchitos…” y así durante estos días en familia.

Trabajo en comunidad

Familias enteras ayudaban para el sacrificio y el despiece del animal. Varias generaciones que aprenden de los más mayores cómo se debe hacer, mientras que los niños se entretienen aún con los animales vivos.

Dependiendo de la edad, la fiesta se ve de distinta manera, sobre todo entre los más pequeños. Para los niños, lo que más les gusta, sin dudar, son los pinchitos. Y aunque los niños piensen en la comida, los cabeza de familia les inculcan, desde muy pequeños, que pese a ser un día festivo en el que todos se reúnen para celebrar, nunca hay que olvidar que se trata de una fiesta religiosa.

“Es una celebración que es religiosa, que tenemos que matar que es lo principal, que es religiosa. Eso lo hacemos para Dios y nada más” . Una tradición que pasa de padres a hijos, con la finalidad de inculcar el significado de esta fiesta y también que se siga continuando en el tiempo.