Beatriz Batista, feminista, cubana y musulmana

Beatriz Batista era completamente atea y estaba «muy cerrada a cualquier vínculo con algo religioso o espiritual», pero a los 21 años conoció a un árabe musulmán que le mostró vídeos y le habló sobre su religión, en la que ella comenzó a interesarse «a modo de cultura general».

Su decisión llegó cuando leyó el Corán, un regalo del imán de la mezquita de La Habana. Ahora ya hace dos años que es musulmana, aunque no usa hiyab ni lleva nombre árabe.

«Una cosa es la fe o la religión y otra cosa es la cultura», dice Batista, quien habló con DIARIO DE CUBA sobre la combinación aparentemente imposible bajo la cual ha decidido vivir: cubana, musulmana y feminista.

«Me consideraba feminista, pero después de convertirme al Islam y de enfrentar una serie de prejuicios en torno a mi religión, empecé a estudiar más lo que es el feminismo y lo que es el feminismo islámico. De hecho, mi tesis de licenciatura (Beatriz Batista estudia Comunicación Social en la Universidad de La Habana), que voy a defender el próximo septiembre si Dios quiere, es sobre la imagen pública de la mujer cubana conversa al Islam. En algunos capítulos abordo el tema del feminismo islámico y qué significa para las musulmanas cubanas el feminismo, también impregnado de todo este matiz latino que es parte de nuestra identidad», explica Batista.

«Decir feminismo islámico genera una serie de cuestionamientos que incluso parten de las mismas feministas seculares. Yo no quisiera llamarlo así (secular), aunque se dice que hay muchos feminismos. No quisiera separarlos, pero tengo que hacerlo para poder expresarme. Las feministas seculares consideran que todas las religiones son patriarcales y que, por supuesto, van en contra de la emancipación de la mujer, particularmente el Islam», comenta.

«El Islam ciertamente establece que las mujeres se deben cubrir la cabeza con el hiyab o velo islámico. Sin embargo, no existe en la Sharía, o sea, en la Ley Islámica, ninguna prueba, ningún escrito ni nada que condene a una mujer musulmana que no lleve el hiyab», aclara. «Por ejemplo, yo soy una mujer musulmana que no lleva el hiyab».

«Pienso que más allá del velo, hay otra serie de elementos que te pueden identificar con la religión, y que una prenda no tiene por qué definirte ni definir tu fe.

Uno de los cambios que el Islam ha introducido en la vida de Beatriz Batista es el Ramadán, durante el cual debe ayunar desde el amanecer hasta la puesta del sol durante un mes. Aunque reconoce que esta práctica la debilita físicamente, considera que «lo que más fuerte debes tener es el espíritu y la fe. Todo es un poder mental».

Durante esos días, Batista intenta alimentarse bien durante la madrugada y tomar bastante agua, aunque «nada en exceso».

«Puede que durante el día te sientas un poco debilitado, pero para nosotros los musulmanes la recompensa es mayor y vale la pena sacrificarte por un mes. No es solamente una cuestión de fe; nosotros, cuando hacemos el Ramadán, lo hacemos en solidaridad con todas las personas que pasan hambre a nivel mundial. Ese mes es para sentirnos como ellos y aprender a valorar. Es algo muy espiritual y de mucha fe, y creo que solo lo puede hacer alguien que crea en su religión», dice.

Considera que lo más difícil de ser musulmana en Cuba es la vestimenta, «porque es lo que más impacta a las personas desde el punto de vista visual y de la imagen. Las personas desconocen mucho del tema».

Debido a ese desconocimiento, Batista asegura que ha enfrentado prejuicios e incomprensiones.

«A través de las redes sociales me han hecho comentarios islamofóbicos, prejuiciosos, racistas, discriminatorios. En la facultad, un compañero me hizo mucho bullying por mi religión».

Pese a ello, sostiene que ser musulmana y feminista no representa una dificultad extrema «especialmente cuando tienes una serie de principios, de convicciones de por qué lo haces y por qué lo eres».

Beatriz Batista es además una de las activistas contra el maltrato animal más conocidas de Cuba.

Con una ley que proteja a los animales, la cubana será «una sociedad más civilizada, más justa, más humana, más sensible, más educada», dijo en recientes declaraciones a DIARIO DE CUBA. «O sea, estamos sembrando un futuro para nuestros hijos, para nuestros nietos. Para que no vean en cada esquina de Cuba un animal sufriendo, con la mirada triste, un animal pidiendo a gritos, a pesar de que no puede hablar, que le salven la vida».