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La estampa era del todo desconocida hasta el pasado domingo. Cientos de mujeres se concentraban delante de la facultad de Letras de Rabat para participar en las primeras oposiciones abiertas para acceder a 800 puestos de notarios de la religión musulmana, adules en árabe.

La posibilidad de que la mujer pudiera acceder a esta profesión estaba vetada históricamente en Marruecos. Sin embargo, un informe del Consejo de Ulemas, el organismo que vela por la pureza del islam, afirmaba que no veía motivos para la discriminación. “La mujer puede demostrar mucho rigor y un gran sentido de la precisión, necesario para ser notaria del derecho musulmán”, señala Arbi Daoui, miembro del consejo.

Hasan el Ketani, una figura de la corriente salafista, mostró, sin embargo, su rechazo a la medida a la agencia AFP.

Los adultos desarrollan unas funciones muy similares a los notarios civiles, pero su actuación debe ser conforme a la legislación religiosa. Entre sus cometidos están dar fe en los matrimonios, herencias o documentos que estén sometidos a la ley islámica.

Las reacciones recogidas por los medios entre las mujeres que se presentaban a las oposiciones incidían en que se trataba de una novedad histórica. “Una medida justa que testimonia la evolución que nuestro país está teniendo en materia de igualdad entre hombres y mujeres”, señalaba Sara, aspirante que vino desde Mèknes para examinarse. La práctica totalidad eran mujeres jóvenes, con sus estudios de Derecho terminados y que acudieron a las oposiciones con su pañuelo en la cabeza. No en vano, aspiran a un puesto en cierta medida religioso.