seleccion francesa futbol

Los campeones del mundo, la selección francesa, no eran favoritos pero, al final, el talento y la cohesión de este equipo terminaron dando sus frutos. “Unidad en la diversidad” es una expresión que le va tan bien al equipo de Francia, portador de sueños para una juventud diversa en las ciudades, suburbios y los medios rurales, donde se extendió el orgullo de ser francés durante esta oportunidad histórica.

Esta victoria es, en primer lugar, un triunfo de Francia, pero también es una victoria simbólica para África, de la cual procedían por su origen una docena de jugadores, en su mayoría nacidos en Francia. Hay no menos de diez países africanos representados: Angola por Blaise Matuidi, Camerún por Samuel Umtiti, Congo por Steven N’zonzi y Steve Mandanda, Guinea por Paul Pogba, Malí por N’Golo Kanté y Djibril Sidibé, Senegal por Ousmane Dembélé y Benjamin Mendy, y Togo por Corentin Tolisso.

En el lado del Magreb, encontramos a Marruecos por Adil Rami y Argelia por Nabil Fékir y Kylian MBappé. Mauritania también está representada por Ousmane Dembélé.

Es un equipo dibujado a la imagen de Francia, en su diversidad no solo etnocultural, sino también religiosa. Sí, porque la selección también incluye en sus filas a jugadores musulmanes como Paul Pogba, N’Golo Kanté, Moussa Sissoko, Djibril Sidibe, Benjamin Mendy o Nabil Fekir.

La victoria de la selección francesa muestra que la diversidad es una fortaleza, y esto debe ser reconocido en todas las esferas de la sociedad y no solo en el mundo del deporte. No se ha ganado nada en este frente, ya que el racismo y la discriminación persisten en Francia. Pero las esperanzas están permitidas … en especial si las lecciones de este paréntesis encantado que representó la victoria de la selección en el Mundial logran ser aprendidas por las élites y los líderes y el resto de la sociedad de Francia.