Mo Salah, el nuevo embajador del Islam

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Mo Salah se ha convertido en pocos meses en un icono mundial. Los aficionados se saben de memoria su celebración cuando marca un gol: corre hacia la grada más próxima con los brazos abiertos, se planta y sus compañeros se abalanzan sobre él.

Después camina hacia el círculo central, levanta las manos hacia el cielo y se hinca de rodillas para rendir tributo a Al-lah.

Salah se ha convertido así estrella musulmana del fútbol

En su primera temporada en el Liverpool acumula 43 goles y 15 asistencias en 48 partidos, y ha llevado a su equipo a una final de la Champions que no alcanzaba desde 2007. Además, ha sido elegido mejor jugador del año en la Premier, tanto por los futbolistas como por la Asociación de Periodistas de Fútbol.

Su fe también le ha encumbrado como una figura de importancia social y cultural. En una época en la que Gran Bretaña lucha contra el aumento de la islamofobia, Salah se ha erigido como un ídolo para muchos aficionados siendo norteafricano y musulmán.

Según un informe de la organización Tell MAMA, los ataques islamófobos en Gran Bretaña aumentaron un 47% en 2016, aunque Salah aparece como la mejor solución para detenerlos. Jugar en Liverpool, una ciudad tradicionalmente laborista que alberga una de las comunidades musulmanas más antiguas del país -allí se construyó la primera mezquita de Inglaterra- también suma.

«Salah puede ayudar a tender un puente entre la comunidad musulmana y el resto de la ciudad», dice Abu Usamah Atthababi, el imán de la mezquita Al Masra de Toxteth, un distrito del centro de la ciudad de Liverpool, en NY Times. «Puede mostrarle a la gente que estamos más cerca de Salah que de los extremistas».

A sus 25 años, es el héroe nacional de Egipto. Su estatus cambió en octubre del año pasado, cuando marcó un penalti para clasificar a la selección nacional para el Mundial, una competición que no disputaba desde 1990.

Desde entonces su cara adorna las paredes de El Cairo. Un mural en su honor pintado la fachada de una cafetería del centro de la ciudad se ha convertido en una atracción turística y los mercados venden su imagen en todos los formatos posibles, desde ropa de cama hasta los faroles que se regalan durante el Ramadán.

Su compromiso con la comunidad musulmana es conocida desde su época en el Basilea. Salah se crió con muchos refugiados palestinos que tuvieron que huir de Gaza y en 2013 tuvo que jugar la ronda previa de la Europa League en el campo del Maccabi de Tel Aviv. Al principio se negó a viajar, ya que considera a la ciudad israelita un símbolo opresor, pero el club le comunicó que debía asistir al partido porque se arriesgaba a una sanción importante.

Salah fue titular y saludó a los rivales chocando el puño en lugar de darles la mano en señal de protesta. A los 21 minutos marcó un gol y rezó a Al-lah mirando a la grada para finiquitar su pequeña venganza.

Ahora Salah lleva a sus espaldas el mundo islámico cada vez que salta al césped. El tiempo dirá si se convierte en primer Balón de Oro musulmán desde Zinedine Zidane.